Salvar el fuego

Durante un viaje en tren, en una tierra que aun no acepta del todo a la primavera, leí las últimas páginas.

De este portento de novela no sales inmune.

Violencia y corrupción conviven con un tipo de amor que besa y quema, lame, penetra, perfora, transforma y redime. Contra todo fuego, lo impensable es el único camino posible.

Arriaga sabe construir voces con timbre y saliva. Reinventa registros de lenguaje con tal pericia que el lector padece la dulce, la aguda, la más honda rendición. Lo poético y lo prosaico convergen en el idioma, las relaciones, los espacios, en todas las vísceras de la historia. Y como pulsación ininterrumpida, la escritura es personaje y arma, recurso de búsqueda, forma ineludible de salvación.

Preguntas y certezas surgen como estampida, cuánto quisiera conversar con el autor.

El aire que no se ajusta a la primavera se alinea con las sensaciones que deja el libro. Es de los que no se olvidan, de los que se discuten y disectan, de los que se recomiendan a lectores experimentados y a lectores noveles y a todo aquel que sabe cómo la literatura pesa en el humano devenir.

#GuillermoArriaga

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