Con Jaime

“Siempre en la cama ocurre lo mejor de la vida: el nacimiento, el amor, la escritura y la muerte.”

Jaime Sabines

No recuerdo con exactitud cuando fue la primera vez que leí a Jaime Sabines. Lo que nunca olvidaré es el golpe que sus versos le dieron a mi ánimo, a mi entendimiento, un golpe certero como sus versos.

Fue gran amigo de Ángeles Mastretta, ella lo celebra con merecida iluminación en su libro de memorias “El cielo de los leones”.

Tampoco recuerdo cuando encontré este texto, fue hace muchos libros, hace tanto.

A través de Ángeles y sus recuerdos y en el corazón de los libros de Sabines que tuve la dicha de recoger por el camino solitario que ando, este poeta de intenso verso terminó de seducirme.

Y es que a pesar de haber muerto hace años, Sabines no se va.

Hace muchas noches leí una entrevista que le hicieron en el año 84. La simpleza de su historia conmueve, sin remedio, sus palabras me agitaron de nuevo.

Me impactó la frescura de su afirmación sobre la cama, la encontré escondida en alguna de sus respuestas. Y no pude resistirme, merece ser compartida.

Los que escriben me entienden.

Una noche, dos idiomas

Sobre las notas de un piano viajan plácidas las ideas. Se desplazan de un Balance General hacia la laguna iluminada de un libro. De una historia creada con la solidez que habita los números vuela a otra escrita con el misterio de las pasiones humanas.

Plena se desmadeja la noche, vestida de melodía sonríe en su oscuridad. Mis neuronas como luciérnagas, la imaginación, cómplice de un pentagrama que pende perenne de la luna.

Horas nocturnas como tantas otras, son de números y son de palabras.

Y en el puente que une a ambos lenguajes, una mujer baila al compás de una hermosa banda sonora, dueña de su propia leyenda.

Carta al Club

Amigas, las extraño mucho. Veo los libros en mi caótica cueva y siento una nube que me sube de la panza a la boca, como un antojo de llanto. Extraño nuestro espacio en Sophos, a Liz a Esperancita a Mynor. Extraño el trío de hummus, el fresquito de maracuyá con cardamomo. Muero por comer pie de pera con chocolate pero ahí, con ustedes.

Extraño la bullita que flota en el salón cuando todas hablamos al mismo tiempo y Mirna nos mira con paciente sonrisa. Y es que si de buena lectura se trata hay tanto que decir, añoro eso especialmente, hablar de libros alrededor de una mesa. La pantalla es un remedio temporal. Pero este temporal se ha hecho eterno, tanto, que duele algo muy adentro, casi en el corazón, en todas las tripas.

Me hace falta la sensación de pertenencia a una tribu en la que, finalmente, la vida me regaló mujeres con quienes tengo tanto en común.

Siento soledad literaria y es curioso, porque en realidad leer es un ritual solitario. Pero ustedes con su luz y su agudeza mental y sus corazones inmensos y su sabiduría de mujer que lee lo convierten en ceremonia, en viaje, en sublime aprendizaje.

La experiencia crece y se eleva cuando un libro se lee para compartirlo, cuando de forma casi mágica coincidimos en tanto. Y hace falta el crecimiento multiplicado que se siente en el ambiente de la librería. Sophos huele a muchos libros. Hace cuánto no compartimos su aroma.

Las fotos que asoman en redes sociales, furtivas, en formato recuerdo, no hacen más que atizar la añoranza.

De verdad, qué falta hace el club en compañía física, qué falta los abrazos y los brindis, qué falta el sonido de una página dando paso a la siguiente.

Gracias por tanto. Pues bueno, ya me desahogué. Me hacen mucha falta. Les mando miles de abrazos.

En enero, ¿vamos a regresar al salón? ¿Será que ya podremos? ¿Será? ¿Qué dicen? Mascarillas y distanciamiento y todo de todo. Pruebas de Covid, incluso. ¿Qué piensan?

Lo de Lara y Yuri

Como lo de Lara y Yuri ¿Sabes?
Así de intenso, inevitable.
mientras te hablo, mis manos
dibujan filigranas en el aire.

No tengo idea de quiénes son Yuri y Lara,
respondes, sin ver mis filigranas,
tu mirada seducida por guerras de televisión.

Y esta disonancia, cariño mío,
es mi eterna contradicción.

Intensa e inevitable,
como lo de Lara y Yuri, trágica
como su historia.

La culpa es mía.
Tú ni te enteras.

#Babel
#DoctorZhivago

Cien años

De Bukowski aprendí que en la poesía hay espacio para todo, que las palabras colocadas con sagacidad aquí y allá son siempre un homenaje a la belleza, una provocación.

Con ese ritmo suyo, preciso y precioso, en una página cuenta lo que hombre y mujer se hacen en el ritual de una ducha compartida después de un viaje al amor.

En la siguiente, un ruiseñor persigue a un gato durante todo un verano hasta enredar sus alas en las fauces felinas.

Hoy cumpliría 100 años.

Bukowski por siempre.