Afuera quedan filos

Entro en mi poema y cierro su puerta.

Afuera quedan los filos del mundo rasgando cuanto pueden.

Acoge y sostiene, mi habitación de palabras.

Comprende quién soy, me salva del viejo filo, comprende quién es, sabe dónde está y,

compasivo o sagaz, coloca cortinas de distancia.

Otto René en Manhattan

Paseábamos por las calles de NY con la despreocupación que otorgan las tardes sin prisa. Mi hijo ya trabajaba en aquella ciudad. Corría el año 2017.

Sin mucha advertencia le cayó de visita la estampida de mujeres en la que solemos convertirnos mi mamá y sus hijas cuando viajamos juntas.

En una callecita sin fama ni bullicio lo encontré.

¡Mireeeen! grité frente al escaparate/vitrina/ventana de un teatro.

Una gigante y hermosa fotografía de Otto René saludaba desde el vestíbulo, a su lado un poema suyo traducido al inglés.

Con emoción demencial traté de abrir la puerta, desafortunadamente el local estaba cerrado. Logré tomar estas malas fotografías, hice nota mental de indagar qué era aquel sitio y por qué está (o estaba) en Manhattan. Se trata del “Castillo Theatre”.

Con mucha facilidad encontré qué es y cuál es su propósito.

Para hacer corta la historia, rescato y comparto lo fundamental. Se trata de un teatro que pone en escena el universo del teatro político.

Literalmente reza:

“opens up the world of cutting-edge political theatre…”

Y hay más. Existe un premio:

Otto René Castillo Awards for Political Theatre

Imaginen la emoción, estoy segura de que la comparten.

Hijos de la libertad

Dejo símbolos entrelineados, signos de interrogación 
atrapados entre ideas, anotaciones al margen. A veces, con acuarela de llanto, dibujo la intersección de nuestras historias sobre sus planicies de papel.

Los libros son también geografía. Si visitás los que he caminado, los que durante noches interminables he hecho míos, encontrarás fantasmas de mis pasos en busca de la verdad.

Una conquista imposible.

Aquí estuvo ella- acusan sus páginas-
ha dejado huellas de lápiz por doquier.
Ha doblado esquinas. Ha mojado todo.


Pero los libros son hijos de la libertad, tierra afable
para todo aquel que necesite su belleza.

Llamarlos míos es arrogancia.

Por las plazas de las letras

De cada contrariedad inapelable la literatura salva como nada. Con un conjuro de pocas palabras coloca orden en el sinsentido de alguna calamidad.

Cuando la prueba es tan honda que no encuentro su fondo, la amaino dando largos paseos por las plazas de un espléndido libro.

La intención no es encontrar respuestas que resuelvan. En todo caso, la lectura es vehículo hacia estados mentales levemente serenos, un logro inmenso que debilita al miedo.

En otro plano, leer por placer supone una sólida tregua, una distracción luminosa en medio de la penumbra. Las historias transportan a sitios tan distintos a nuestro dilema que olvidamos brevemente lo que nos priva del sueño, lo que lastima la respiración.

Con tales amuletos literarios me doy por bien servida. Su generosidad no tiene parangón.

Tan entregado, tan generoso

Las pieles que mejores caricias me han prodigado están cubiertas de palabras.

Si tomo su cuerpo en mi manos, se desvive de puro amor. Me cuenta historias, me lleva a lugares, me hace sonreír.

Me devuelve la ilusión, me pone a bien temblar.

Jamás me ignora, no coloca desprecio en mi aire, no me mira amenazante. Me deja ser, se deja hacer.

Nunca en la vida, un amante como los libros. Nadie tan entregado. Nadie tan generoso.

Baile y escritura

Bailamos como escribimos, con el interior encendido, con la piel incandescente, con canciones en la mirada.

A veces, con la humedad de algún llanto inoportuno.

Después de todo, no son tan distintos, bailar y escribir. Ambos son voces del cuerpo, formas de hablar. Ambos, búsquedas permanentes, una construcción existencial.

Los dos registros cuentan historias.

Nace un poema

Al caer la tarde se reúnen. Acuden al bálsamo de la amistad en busca de cobijo.

Unidas por su historia, hablando un lenguaje que han hecho propio por tanto gastarlo en la construcción de posibles respuestas, brindan como solo ellas saben brindar.

Celebran la vida y celebran la pena acompasadas por sus voces y sus copas. Con arrojo y con risas, con la justa dosis de lágrimas, con la dignidad que otorga la experiencia, resueltas a seguir adelante, con inmenso amor.

En un ocaso como esos nació este poema.

“La noche, vestida de sombras, de silencios y cansancio, nos trae a este sitio, sedientas de comprensión.”

Con Jaime

“Siempre en la cama ocurre lo mejor de la vida: el nacimiento, el amor, la escritura y la muerte.”

Jaime Sabines

No recuerdo con exactitud cuando fue la primera vez que leí a Jaime Sabines. Lo que nunca olvidaré es el golpe que sus versos le dieron a mi ánimo, a mi entendimiento, un golpe certero como sus versos.

Fue gran amigo de Ángeles Mastretta, ella lo celebra con merecida iluminación en su libro de memorias “El cielo de los leones”.

Tampoco recuerdo cuando encontré este texto, fue hace muchos libros, hace tanto.

A través de Ángeles y sus recuerdos y en el corazón de los libros de Sabines que tuve la dicha de recoger por el camino solitario que ando, este poeta de intenso verso terminó de seducirme.

Y es que a pesar de haber muerto hace años, Sabines no se va.

Hace muchas noches leí una entrevista que le hicieron en el año 84. La simpleza de su historia conmueve, sin remedio, sus palabras me agitaron de nuevo.

Me impactó la frescura de su afirmación sobre la cama, la encontré escondida en alguna de sus respuestas. Y no pude resistirme, merece ser compartida.

Los que escriben me entienden.