Tan entregado, tan generoso

Las pieles que mejores caricias me han prodigado están cubiertas de palabras.

Si tomo su cuerpo en mi manos, se desvive de puro amor. Me cuenta historias, me lleva a lugares, me hace sonreír.

Me devuelve la ilusión, me pone a bien temblar.

Jamás me ignora, no coloca desprecio en mi aire, no me mira amenazante. Me deja ser, se deja hacer.

Nunca en la vida, un amante como los libros. Nadie tan entregado. Nadie tan generoso.

Atadas

Traigo muerta la tarde porque no puedo colocarla en otro lugar. Quisiera llevarla a una playa o a un jardín de lavanda. Quisiera llenarla de asombro.

Pero está atada a mi dormitorio, esta tarde de pajaritos, atada como yo a la mismísima cama. Culpable es el cuerpo, que se dejó abatir por la influencia de una influenza.

En estos tiempos de mortales virus cualquier resfriado es concebido por quienes te rodean —y acaso por quienes no tanto— como la lepra en tiempos de Benhur.

Vi morir la tarde en este lugar, hoy oscuro. No fui capaz de alzar mi ánimo para sacarla de paseo. No hubo magia ni novedad. Murió atada, tendida sobre nuestra soledad.

Fui solitario testigo de su deceso. No pude abrazar a nadie porque nadie se acerca siquiera a la puerta, mucho menos a mi corazón.

La vida entera

No se puede comprender a un hombre sin comprender su guerra. No se puede comprender a una mujer sin comprender su búsqueda.

Y al final, a la guerra y a la búsqueda las unen más rasgos de los que las separan.

La guerra de él gira en defensa de lo que lo define, de lo que ya posee. La búsqueda de ella es hacia un ideal, un camino en pos de lo que anhela y aun no le pertenece.

Cada quien da su propia explicación a lo suyo. En ambos casos se trata de la libertad.

La paradoja es que tardamos vidas enteras en darnos cuenta. A veces ni la vida alcanza para llegar a un muelle común.

Trechos

Los loquillos por la poesía solemos recorrer largos trechos de pura soledad. Y de trecho en trecho nos construimos la vida entera.

Así las cosas, los que por piel llevamos poemas, somos seres colocados a perpetuidad en planos solitarios.

A veces resulta ser una suerte de extravagante felicidad. Otras, una forma serena de asumir nuestra incapacidad de adaptación.

Formas de perder

Vuelvo a las palabras con ganas de bailar. Revisito la pérdida de esta forma de vivir el arte por causa de una guitarras bellas y majaderas que abrieron la mañana. No fue sollozo quedito.

Por amor a las palabras

2012 – 2019

Me temo que la Pandemia ha cerrado este capítulo de mi vida. Y como si huyera de una sombra movediza, esquivo en mis caminitos mentales la noción de semejante pérdida.

Porque regresar a su cadencia fue una especie de salvación, un retorno a la algarabía de la infancia, a los despertares que agitaban la juventud. Volver a bailar fue atizar la llama dormida.

Queda en el aire una guitarra que solloza quedito y en el cuerpo historias cerradas.

Permanecerá por siempre en la memoria, como regalo secreto, un soniquete desenfrenado sujetado a mi cintura.

Pero no me llamo a engaño. Es una pérdida. No sé darle otro nombre.

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Subversión

Es tan subversivo el lenguaje amoroso de los que no son amorosos.

Pensarán que somos clarividentes, que sabemos encontrar sílabas en sus silencios. Que su terrorista forma de no mirar llega dulce.

¿Qué pensarán, pienso? ¿Que nosotros, los frágiles mortales que vamos soñando los Te Amo como quien sueña con la luna o con el agua, sobrevivimos en Ciudad Desamor?

Jamás notarán que sus palabras no pronunciadas son metralla, que fallecemos bajo el estallido de su granada sin mirada.

No saben de la ternura que nosotros conocemos como oxígeno.

Y no hay maldad en sus modos, claro que no. Son apenas modos desarraigados. Otra forma de ser.

Así explican ellos su acercamiento al amor, uno distinto y distante. Así perciben lo que nosotros vemos como subversión.

Así tejen ellos su versión.

Dos registros para una trampa

Cuando mi vuelo queda bajo, busco a Mastretta y a Edel Juárez. Poseen el poder mágico de la palabra precisa, cada quien desde su registro. Con lo suyo, se sueña y se siente y se ríe. Son bálsamo poético, distracción para lo innombrable.

Ellos no saben siquiera que existo.

Yo no completo la existencia sin ellos, sobre todo en la trampa de un sábado fallido.

Noción antes durmiente

He tirado la misma toalla muchas veces. Quedo empapada de falsas razones, muerta de frío, desnuda y triste.

Pero hoy me ha iluminado un misterio indescifrable, una noción antes durmiente.

No es cuestión de tirarla, es cuestión de secarme distinto. De arroparme yo misma, de no morir de frío en aguas ajenas.

Desde este lado

Nota los hilos de tristeza que escapan por sus ojos, reconoce que al cutis se le apagan las constelaciones.

El rictus melancólico es más elocuente que su silencio. Aquellos labios de fruta se secan, se apagan.

Aturdida, desde este lado, no sabe cómo prodigarle consuelo, cómo devolverle la belleza que nacía en su alegría, la algarabía que endulzaba su semblante. El futuro.

Desde este lado, la impotencia de no ser capaz de salvarla la destruye a ella también.

Desde este lado, solo le queda romper el espejo.