Sobre mi madre

Tiene mi madre una forma rotunda de darse toda, de poner en pausa lo suyo para acompañar lo nuestro.

Posee caminos variopintos para cuidar a las hijas, para atender a los nietos,

Se da a nosotros sin miramientos, mi madre.

Cuida mi cuerpo cuando se

desajusta, está a mi lado en momentos de medicina, más cerca que el dolor, más fuerte.

mi madre, siempre presente.

Detrás de una ambulancia,

mi madre atraviesa el movimiento fatal de una tarde urbana,

en pos de una hija

levemente desfallecida.

Paciente,

mi madre aguarda

lo que precise,

horas,

agujas sanguíneas

el paso lento de una solución,

La llegada imprecisa de otra.

Paciente, mi madre,

Espera voces con diagnóstico que no terminan de llegar.

Mi madre, ternura.

La gata

Rocío cantaba “La gata bajo la lluvia”, subí un poco el volumen del radio. —Es linda, dije. Me refería a la canción.

—- ¡Ay no! eso solo lo oye mi muchacha—respondió.

Mirada seria. Seria, muy seria. Silencio. Solo Rocío y su dulzura y su tristeza y su café asomaban de fondo.

Me parece—solté– que tengo mucho más en común con la empleada de su casa que con usted.

17 yo, 19 él. No volví a verlo. No volvió a verme.

A la Gata la escuché hoy, rotunda y siempre melancólica. Llegó a mí en aires digitales y en nueva versión.

Es linda, repito.

Cómo

¿Cómo explicar esto?

si las cuevas donde nacen las palabras son imposibles de definir.

¿Cómo dibujar el mapa que conduce a las respuestas?

si yo misma continúo dando vueltas en el laberinto.

¿Cómo?

si sigo robando frases a un viento invisible

que solo me sacude a mí.

#ÁnimoAleatorio.

Lúdica

Alineamos el andar a una ruta estrecha que no terminamos de comprender para ejercer la maternidad como se espera.

Y no, jamás sabremos si el exilio interior al que nos sometemos las madres para proteger a los hijos del lado salvaje-lúdico-fantasioso de nuestro espíritu, ha valido la pena.

Quizás hubieran crecido más completos, más honestos con ellos mismos, si nos hubieran visto en plan aventura, en búsqueda de sueños, bailando descalzas bajo la luna, tocando pandereta, recitando nuestra propia poesía en voz alta.




Él se sienta en la cabecera,
frente al televisor, como si fuera deidad.
No se quita los lentes oscuros,
ella tampoco.
Es guapa la señora,
tan joven, la señora.
Tres niñas, lindas todas.
Listones en el pelo, naricitas de museo,
cada una perdida en la profundidad de un móvil.
 
Él sigue un partido en la tele, inamovible, insonoro.
Ella, nada.
Apenas ve a la derecha,
un poco a la izquierda, como si buscara
sin encontrar.
Es la mesa del silencio
Los restaurantes
cómplices inocentes en el exterminio de la convivencia.
 
La televisión,
los móviles,
la incapacidad de conversar.
Cada quien come en su lejano mundo.
Bella familia.
                      Bello domingo.