No cerrés los ojos

No escuchés Mariage de amour 
así, hermoso
naciendo libre en el vientre madero
de un piano
mientras dos manos bailarinas lo acarician
hasta hacerlo llorar.
 
Si la noche es oscura y gigante y cruelmente bella
gracias a la luna
no
no caigás en la trampa musical de Mariage de amour.
 
No la escuchés si te sentís inmensa
irremediable
tristemente solitaria
toda tú un acorde a destiempo.
 
No, no oigás un solo compás
si la bruma de la soledad sacude tu interior
desesperada
en busca de una ventana dentro de tu pecho
para huir rumbo a otras densidades.
 
No te enredés en sus hilos de escalas
ni en sus lingotes blancos y negros
si el libro que descansa en tu regazo
y bebés con la mirada húmeda
te habla de ese asunto extraño
al que llaman amor.
 
Y si su belleza te arrastra
y si su trino melancólico se vuelve parte de tu cuerpo
y si no es posible evitarla
escuchala
consciente de los estragos
sentimentales
que viajan en su pentagrama
como proyectiles en cámara lenta
para anidar en el lado oculto de tu corazón.
   
Si no hay remedio, escuchala
pero por favor
no importa cuánto te lo pida el sentimiento
o la oscuridad
o la memoria
por favor
si esta noche de belleza cruel
necesitás que Mariage de amour invada tus confines
no
no    cerrés     los     ojos.

OTRA VEZ EN SOPHOS

Fue en Sophos, ese paraíso que seduce por sus ciudades de libros y por el licuado de maracuyá y cardamomo. Buscaba un libro agotado, y salía con un descubrimiento. Detrás del mostrador, Wellington, el chico que me atendía y quien suele sugerir prodigios, preguntó datos para facturar. Di mi nombre. Un señor en la fila sonrió y me vio como quien encuentra algo perdido. Con cara de mucha letra dijo ─su nombre…─ y el resto de la frase quedó suspendida entre su boca y el aire  ─es maya─ expliqué, anticipándome unos segundos. Es mi costumbre, lo repito como grabadora en call center porque pocos lo saben y muchos preguntan.

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EL MÁS DULCE

El sábado recibí un regalo inesperado. De esos que te dan sensaciones únicas, como cuando sos niña y te regalan un buen chocolate, un Toblerone para ti solita, para citar ejemplos.
 
Fue en Sophos, siempre sucede lo grande y distinto en este espacio que a tantos cobija. Salía del club de lectura “Guatemala las letras de su historia.” Pensativa dudaba si la discusión, en algún momento, había llegado a las profundidades que me hubiera gustado encontrar. De hecho salí con el ceño fruncido. En esa cavilación estaba cuando me encontré al Dr. Mario David Garcia. Le mandé saludos a su hija, quien estudió en la universidad conmigo y a quien quiero mucho. Al escuchar mi nombre completo, abrió más los ojos, y en ese momento me dio un singular Toblerone.
 
554, ¿le dice algo ese número?” puse cara de ignorante. ”Era el número de interno de su papá en el Adolfo Hall. Bin y yo fuimos más que compañeros de clase, fuimos buenos amigos.” Me habló de lo terriblemente travieso que fue mi papá, de su rebeldía feliz y su picardía llena de ocurrencias. Me contó que, mi rebelde padre, era “corneta”, y le costaba tres mundos tocarla. Después de que, finalmente, lograba emitir alguna tonada con la trompetita militar, la usaba para gastar bromas a sus amigos.
 
Riendo con gusto, dijo que mi papá y el rigor del uniforme no se entendieron nunca y que siempre debía castigos. Con sentimiento me contó que todos lo quisieron, que les dolió mucho su partida. (Léase muerte. A veces a la gente le da pena llamarla por su nombre.) Con más cariño del que aquí puedo escribir me dijo que lo recordaba siempre y mucho. Y así fue como este señor de noticias del siglo XX  me regaló mi Toblerone, el más dulce de todos.
 
Cuando salí de Sophos ya no pensaba en cuanto análisis faltaba a la discusión de “la Patria del Criollo”. Traía conmigo asuntos más valiosos: un número que desconocía y que de ahora en adelante jamás olvidaré. La imagen de mi papá adolescente, su cabeza rapada y la corneta en su mano. La certeza de que, a pesar del mucho tiempo que ha pasado, todavía es recordado.
Un genuino trozo de felicidad, distinta a la que, guardada en un libro, llevo en manos cada vez que salgo de Sophos.
 

 

Estoy agradecida.




 

IRMA FLAQUER, A PROPÓSITO DEL DÍA DEL PERIODISTA

En el 2005, nadando de nuevo en Sophos y sus libros, descubrí “Disappeared, a Journalist Silenced”, de June C. Erlyck. La obra narra la vida y desaparición de la periodista guatemalteca, Irma Flaquer. Al parecer, en la convulsionada Guatemala de los 70´s, esta periodista no sentía temores a la hora de publicar sus opiniones, investigaciones y comentarios. Su columna “Lo Qué Otros Callan”, dio mucho de que hablar.

Corrían tiempos en los que, ejercer el supremo derecho a la libre expresión, era un lujo suicida. Flaquer fue víctima de más de algún atentado y muchas advertencias; hasta que en octubre del 80, desapareció para siempre.

El libro me gustó porque me habló de una Guatemala, que a mis 11 años yo no conocía, a pesar de vivir en ella. Aprendí de los protagonistas de la época y sus conflictos, conocí un poco más sobre los diarios y sus editores. Supe de  realidades vividas por gente de prensa, muy distintas a la cotidianidad de mi vida de niña y  familia.

Por supuesto lo compré. Eso sucede cuando una viaja al planeta Sophos, vas con un plan de compras literarias cuidadosamente trazado, una lista de una o varias obras que te llaman y a quienes llamas, y de pronto se atraviesa en tu exploración otro libro destinado a habitar tu librera.

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