“Si el amor, como todo,
es cuestión de palabras,
acercarme a tu cuerpo fue crear un idioma.”
Sumerjo la noche en un poemario de Luis García Montero. “Almudena” reúne poemas de amor que durante años escribió a su mujer. Cuánto ha de extrañarla.
La danza que celebra García Montero con el lenguaje es un espectáculo. Destila el quehacer cotidiano, lo convierte en versos, los hilvana sin abstractos retorcimientos. Construye poemas con la sabiduría que otorga el tiempo, peritaje en el dominio de la lengua y, en todo momento, la mirada de la relación madura. Se declara enamorado sin atisbo alguno de afectación.
Se muestra vulnerable, festeja, teme, cuestiona los fenómenos vitales —el paso de los años, el desconcierto de las distancias, la decadencia del cuerpo, la incertidumbre del futuro.
Página a página, el poeta entrega una alianza, emoción y cuerpo urden un tipo de poesía que no se deja soltar. Ningún lector de este género es inmune a su sensibilidad, a la cadenciosa seducción de sus palabras, a la verdad que gobierna sus estrofas. A la suerte que tuvieron estos dos seres.
La primera edición vio la luz en 2015, a penas 6 años antes de la muerte de Almudena. El autor tenía 57 años.
“Porque el mundo es así, y vengo herido,
ten paciencia conmigo.”
Una noche de viernes, ordinaria, larga, mojada de mil maneras, se convierte en travesía de estrellas si se recorre en los brazos de un libro como este.
