Contradicción

Un desorden imposible de organizar. 
Este hoy que se contradice con aquel ayer.

El bajón de este momento que nada tiene que ver con la euforia de hace un rato.

Un choque de opuestos reales me sucede dentro, un enigma imposible de resolver.

La negrura incapaz de iluminarse.
La luz que no se deja atenuar.

La ceguera,
la sordera,
el relámpago,
el estruendo.

El agujero negro,
el silencio.
La bengala y la sinfonía.

El temor a desvanecerme
o el miedo a resurgir.

El deseo de ser invisible
y la ansiedad cuando no me dibujo.

Cuántas formas de desencuentro.

Este espíritu que como humo sube y como lluvia cae,
este espíritu que se tiñe de azul o de sol,
este espíritu que no se entiende con él mismo.

Este espíritu
constante contradicción.

Para tanto un corazón

Siento que no me alcanza 
el corazón para tanto

Hemos caminado mucho
mi corazón y yo.

Hemos visto y escuchado
nos hemos quebrado
bajo el paso
sinuoso de la vida.

Por eso

Siento que no me alcanza
el corazón para tanto.

Pero luego él mismo
se hace sentir
se mueve
canta llora
se enciende, celebra
un peculiar resurgimiento.

Y baila. Mi corazón baila.

Mujer ciudad

Hubo un milenio, un jardín, una autopista
hubo un tiempo de leyenda poblado por mujeres luz.

Brotaban las ideas
como cristales
caían en cascada
eran música y búsqueda sus palabras.

Las voces jóvenes
como los cuerpos que les cuidaban el alma
no conocían los colmillos del miedo.

En el pecho guardaban
luciérnagas
encendidas como ciudades
en el vientre, lumbre
promesas de vida
caminos y ventanas y plazas
historias incandescentes
guardaban amor.

Hubo un milenio construido con cuerpos
en perpetuo movimiento
con risas y besos y pasos seguros
fueron mágicos, fueron fuego
alamedas con farolas.

Fueron los tiempos de la mujer ciudad.

Y a pesar del camino derruido y de la oscuridad
aún los recuerdo.
Auto retrato 2019, Mujer Ciudad

			

Cercanía Pizarnik

Alejandra Pizarnik me queda siempre cerca. Desde que llegó a esta vida que consumo en busca de poemas, sus versos confusos se aproximan a mis interrogantes, las tocan y transforman. A veces las responden.

Un libro en la mesa de noche, otros en la repisa de la cabecera o en el tren de poetas que circula sobre la mesa de mi caótico refugio.

Alejandra y los otros y de nuevo Alejandra. Su tristeza, su fragilidad, el presagio de la muerte siempre presente, la palabra eternamente bella.

Sin poetas la crueldad de la noche se hace inmensa.

“No puedo hablar con mi voz sino con mis voces.

Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada de un tiempo.

Un canto que atravieso como un túnel.”

(Piedra fundamental, fragmento página 69. De La extracción de la piedra de locura. Otros poemas)

Tal vez la cama

Quizás volver a una cama pequeña sea la respuesta. 
Encontrar  formas de desandar los años 
de salir de la cama ancha que colocó continentes 
en medio de los cuerpos. 

Sí.

Quizás un lecho pequeño encienda de nuevo la llama
uno diminuto, como el que compartían cuando se iniciaron en el amor. 

Tal vez recuerden. 

Tal vez ardan de nuevo en aquella fogata en la que fueron tan felices. 
Tal vez la sientan. 
Tal vez les sorprenda el milagro del placer. 
Tal vez el calor. 
Tal vez  el gozo joven de los pies encontrándose sin buscarse. 

Puede ser, sí.

Una cama pequeña para recuperar la gran fogata. 
No, quizás no se ha perdido todo.

Sí, amiga.

Tal vez la cama, tal vez probás...



Le llaman poesía

Se succiona, se besa
se devora

o se bebe a sorbitos.

Se llora, se raya
se margina.

Recorre tu mundo
lo rompe y te rompe
transfigura el paisaje.

Llega
permanece.

Ocupa el abstracto
donde arden los fuegos
la región íntima
donde convergen sustancia
y razón.

Poesía.

#díamundialdelapoesía