Vigilia y nostalgia, novios clandestinos

Se llena la noche de vigilia por quién no vuelve, el tiempo corre con inclemente lentitud y los minutos se desbordan con rostro de espera. Uno tras otro caen de la cama, se esconden en el libro, se acomodan debajo de mis sábanas, me enredan el pelo, bajan  el volumen a una fastidiosa televisión. Los minutos tan despiertos como yo, los minutos casi tan desesperados. 

Mis audífonos conspiran con este largo momento, derraman prodigios de otros tiempos. La música sacude porque llega desde años más jóvenes, por sus frases de poema, por el saxofón casi sensual. El libro habla de poesía,  siempre presente en mi oscuridad, como el pichel de agua y los crayones de colores. 

En este rato nocturno de una sábado más, la espera eterna se enreda con la nostalgia, como novios clandestinos. Hay tanto de ayer en mi noche sin dormir. Y él aún no vuelve. Para ajustar el sin sentido de este insomnio evocador, el que no vuelve,  no lleva consigo llaves.



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