De amigas

Tengo amigas de 92 años, amigas de 76, también de 60. Tengo amigas de treinta y tantos años.

Tengo amigas habitantes de mi década, amigas de mi exacta edad.

No son muchas mis amigas, sin embargo son tanto, algunas de ellas, casi hermanas. Y esa certidumbre es un pilar.

Nos unen pasiones, intereses, causas y locuras. Compartimos historias y secretos, temores y lazos irrompibles, lágrimas y dolor, risas y placer. Música o silencio.

Lo nuestro no responde a órdenes cronológicos, es complicidad atemporal. La sororidad que rige a la conexión femenina no sabe medir tiempos.

Lo nuestro nace en raíces milenarias.

Lo nuestro rompe con todo.

Somos afortunadas.

Aura

Fuimos dos niñas siempre inquietas, una corriendo detrás de la otra. Yo la seguía. Ella siempre corría más rápido, nadaba como delfín, era hábil como pocas para los deportes y asombrosamente hábil para hacer reír. Cursábamos los primeros años de primaria. Cuando la invitaba a casa, jugábamos de salón de belleza haciendo triquiñuelas en la cabeza de mi hermana, correteábamos a mi perra, jugábamos en el jardín lo que se nos ocurriera. En el colegio eran los yax, o la liga o el temible matado.

Celebrábamos juntas y felices el movimiento de las niñas que van descubriendo mundo.  

Cuando regresé a clases después del accidente, en segundo grado, Aura estaba esperándome en la puerta del aula. No recuerdo qué dijo, recuerdo su abracito de niña. Recuerdo cómo tomó mi bolsón y mi lonchera y los colocó en el clóset. Recuerdo que no se separaba de mi lado. Fue su manera de solidarizarse. Su manera de decirme aquí estoy, amiga.

La vida se la llevó primero a otro colegio y después a otro país. Pero Aura fue mi sis durante los primeros trascendentales años de primaria. Luego la misma vida y su conectividad moderna nos colocaron de nuevo cerca. Y fue cómo si hubiera pasado solo una semana.

Viajé a un lugar no tan cerca de su casa en San Diego y llegó a reunirse conmigo. Vino a visitar Guatemala y volvimos a reunirnos.

Somos una reunión en proceso, un hilo conductor, una conversación digital, un cariño genuino desde el principio.

Aura desde su muelle hizo micos y pericos para adquirir mi pequeño libro. Y la amista volvió a conspirar. Porque, otro amigo entrañable, hizo todo lo necesario para que el libro llegara a manos de mi amiga. Fue una feliz secuencia. Una señal de que ni el tiempo ni la distancia rompen un cariño verdadero.  

Un color particular

La tristeza tiene un color muy particular. Aunque tratemos de camuflarla suelta destellos.

Algunos la ven, otros la entienden, y hay quienes van más allá. La miden, la sienten, encuentran la vulnerabilidad que supone.

Se acercan, tienden un puente, para bien o para mal procuran algún alivio.

Luego se marchan.

Y no, no cambia. A pesar del paso fugaz de alguien que quiso hacer una diferencia, el color de la tristeza permanece intacto.

Escribir acerca de mi mamá

Este año ha sido una locura, un cambio tras otro ha caído desde todo tipo de alturas y mil tareas han sido multiplicadas. El tiempo es un bien cada día más escaso.

Pero si un medio en el que he colaborado y de paso, dicho sea, disfrutado mucho de la experiencia , me invita a escribir sobre mi madre, no lo pienso dos veces. Al final del día, acerca de ella he escrito bajo todo tipo de miradas, una y otra vez. Mi madre ha vivido una historia compleja. Ha tenido una dosis fuerte de tragedias y otra de gozo. La suya es una vida digna de contarse.

Aquí comparto la colaboración en Ladrona de frases, para que quede recuento del homenaje que quise rendirle.

Manual de procedimientos familiar o de cómo aprendí a trabajar

La celebración del Día del Trabajo tiene un origen triste. Muchos de los que participaron en la huelga del 1 de mayo de 1886 en Chicago fueron condenados, algunos a muerte. Es escandalosamente incomprensible.

Pero más allá del origen del asueto, el trabajo se celebra y se agradece. Mi primer empleo fue cuando tenía 13 años, en un parqueo del Centro Cívico. Nada heroico, una mañana mi mamá simplemente me avisó que trabajaría ahí durante las vacaciones.

—Tenés que aprender a trabajar— dijo, su sentencia resultó ser uno de los mejores regalos que me ha dado.

Todos los días, mi madre me colocaba en la caseta-oficinita a las 7 de la mañana. La encargada de la caja se llamaba Lesbia, ella sería mi mentora. En aquella época, la mente y el tiempo eran las máquinas. Debía aprender a usar el reloj marcador, a dar y recibir los tickets, a troquelarlos y a calcular tarifas. A cobrar y dar vuelto. Aún no existía la automatización servil de las computadoras.

Me gustaba mi trabajo.

Tuvo gracia colateral. Aunque no fuera parte del perfil de mi puesto, también aprendí a encender, mover y estacionar carros. Resignado ante mi insistencia, Tomás, el encargado, no tuvo más remedio que enseñarme. Manejar carros ajenos a esa edad fue aventura.

A pesar de lo poco común, mi primer empleo como vacacionista es inolvidable. Ejercité de ida y de vuelta el cálculo mental, entendí lo que se gestaba en la Torre de Finanzas, lo que sudan los imparables procuradores y entre chismes de barrio, me enteré de algunas oscuridades que sucedían en Torre de Tribunales. Pregunté y pregunté y pregunté. Conocí gente diferente de todas las edades.

Aprendí, ante todo, a encontrar gozo en el trabajo. Mi mamá me dio la oportunidad, el ejemplo, mejor aún, colocó el hábito en nuestros genes.

Sí. La mística que subyace en el trabajo la grabó mi madre con contundencia en el manual de procedimientos familiar.

Desde estas décadas observo aquella vida de niña que dejaba de serlo. La experiencia en la caseta del parqueo me hizo sentir parte de otra dinámica, útil, hasta importante. Marcó un antes y un después. Definió que el rito del trabajo diario sería siempre mi camino.

Después vinieron los trabajos de vacaciones tradicionales: empaqué regalos, di clases a pequeñitos en cursos de vacaciones, fui asistente de una tutora de niños terremoto, vendí galletas. Pero mi trabajo en el parqueo será siempre favorito. Un recuerdo que hace bien.

Mundos diversos, historias en todo

Voy por la vida contando historias. Las escribo. Anécdotas mías o de los míos y de quienes me confían las suyas para colocarlas con cierta gracia en las repisas de un texto. 
Otras narraciones son ficciones que me nacen en los remolinos de la imaginación, cuentos que cada semana se derraman sobre una mesa rodeada de cómplices en este regusto por la palabra. Juntos llenamos tres horas de tentativas literarias. 
Construimos pequeños conatos, frase sobre frase, por la devoción que profesamos al arte de narrar. Y somos felices por el simple hecho de continuar en el intento sin grandes ambiciones. Estamos enamorados del oficio de escribir.
Durante una conversación en un ambiente de literatura, alguien preguntó cuál es mi profesión. Le conté que me dedico a las finanzas. Fue una respuesta transparente y precisa. 
—Nada que ver con estos sitios donde siempre te encuentro— respondió mi interlocutor a esta mujer que abrazaba una torre tambaleante de libros a punto de derrumbarse. 
Después de poner orden en la Eiffel de lecturas, y de sonreír, le revelé la peculiar forma en la que aprendí a ver mis mundos, a conciliarlos.
La jerga numérica-contable que leo y escribo en horas hábiles, también cuenta historias. Son cíclicas, a veces disonantes, pero poseen argumento, personajes, nudo y cadencia propia. Ni  hablar de desenlaces, en este código de transacciones, los finales tienen diversas y dispersas posibilidades.
Durante las treguas que me permite el ejercicio profesional, pienso en historias para luego escribirlas. En el proceso, encuentro el misterio de la creatividad en una red de pelotas de colores, en una tienda de barrio, en un concierto de granizo tamborileando sobre tragaluces y hasta en una caja de cereal vencido. Esa facilidad de hallazgos múltiples mantiene mi otra mirada en funciones. 
Sí, me gano la vida sumando, restando, cuadrando y cuidando. En el quehacer de flujos, balances y proyecciones, descubro relatos con significado. Y aunque suene a disparate, encuentro cadencia casi musical en gráficas que narran acontecimientos sobre una línea del tiempo que envejece sin remedio, y veo poesía aritmética en las imágenes de cifras bailarinas que suben y bajan para mostrarme el mensaje clave de su historia.
Mis mundos no son del todo ajenos, habitarlos en simultáneo abre de par en par ventanas nuevas en la casita de mi imaginación. Cada día entran más y más ases de luz que transportan ideas de todo tipo. Soluciones para el mundo práctico, inspiración para el quehacer artístico.
Dos fuentes de creatividad distintas irrigan mis surcos, a veces más. Un regalo que sucede hoy sí y mañana también, son bellezas que nunca se repiten.

Nominación al Blogger Recognition Award

ME HAN NOMINADO PARA EL BLOGGER RECOGNITION AWARD 2018


La ingeniosa Yolanda Gil de El arcón de las 1000 cosas, http://elarcondelasmilcosas.blogspot.com/
ha tenido la amabilidad de nominarme para el Blogger Recognition Award 2018, y yo no me la creo aún. Mi agradecimiento inmenso, Yolanda. 



De la mejor forma que sé hacerlo, con palabras, agradezco la amable nominación que hace a este espacio de textos variopintos en donde puedo ser toda yo, contundente, palabra a palabra.

Por amor a las palabras nació hace muchos años. Nació en mi imaginario, en cuadernos y en archivos que aún no veían la luz del ciberespacio. Estrenó su primer viaje en blogger en el 2012. Desde el principio ha sido un cuaderno en donde he compartido poemas, ensayos, declaraciones de amor o desamor a la naturaleza, a vivos, a muertos, al tráfico,  a las estrellas. He contado anécdotas, rendido homenaje a quienes endulzan mi vida y la de otros. Con palabras, he tratado de explicarme lo incomprensible. Escribiendo he llorado al tiempo, me he peleado con él, hemos hecho las paces, he llorado a mis muertos. Incluyo imágenes que en su gran mayoría he tomado yo misma. La fotografía es otro tipo de tinta. 

Por amor a las palabras no es precisamente una estrella de rock. Tengo muy pocos seguidores, contra eso nada. Serán los que son. Y por leer lo que leen estoy agradecida. Mi oficio en la escritura es un ciclo de temporadas. A veces escribo a diario, otras un par de veces al mes. El ánimo manda, ya saben, una que se hace de bolas. Muchas entradas, muchísimas, están en borrador. Espero a tomar la fotografía perfecta para ilustrarlo, o un arranque de sentido común para que se haga la luz, o espero a saber qué estoy esperando para hacerla pública.

No he aprendido a ver con exactitud cuántas visitas he tenido, creo que por no defraudarme. Las estadísticas arrojan 43,900 y pico visitas. Ve tú a saber cómo miden eso. Para la cantidad de años y entradas no sé decirte si es mucho o poco o una vergüenza. En fin, ¿Quién está contando? Lo que sí sé con la certeza de todos mis años, es que escribir para mí es hacer acto de presencia cuando tiendo a desaparecer. Escribir es un medio de liberación, de creación, un espejo, un tren y una herramienta de construcción. Las palabras poseen el don mágico de tender puentes. Escribir es para alguien con un interior complejo, repleto de pensamientos y disparates, la mejor manera de ordenar todas las alcobas. 

El mejor consejo que puedo dar a los blogueros es que no desistan. Escriban por lo menos una vez a la semana… o dos. Si no están claros del contenido o a gusto con el ritmo de alguna entrada, déjenla en borrador, que repose un tiempo. Pero no se abstengan de escribirla. Sean sinceros, no teman al llanto, ni al sarcasmo, ni a las carcajadas. No se limiten cuando necesiten ventilar temas escabrosos, si la tripa de escritor los induce a compartir alguna denuncia o injusticia, deben escribirla. De lo contrario será un fantasma que los espantará todas las noches. 
Sientan la bengala que estalla en el pecho cuando han terminado un texto que llevaban en la espalda hace algún tiempo. Sientan la música que emana de una entrada escrita con artesonados y fuentes. Sientan. Sientan. 



No llego a 15, pero aquí se las dejo.

Nominaciones:

1. Yolanda Gil   http://elarcondelasmilcosas.blogspot.com/

02 Patricia Fernández       Patricia Fernández

03 Sandra Sánchez          Letricidios Premeditados
04 Las Hadas Verdes             Las Hadas Verdes
05 Juancho Plaza              La levita del lagarto
06 Lluis Talavera                Todo cabe
07 Pilar Posada      Poemas Urgentes
08 Ana Prados       Dama de Picas
09 Palabras interesantes     Palabras Interesantes
10 Olivia Ardey            Olivia Ardey