Se te fuga al corazón

Cuidado con los nudos que te amarran el estómago. Si permites que alguno se apriete demasiado, sin sentirlo apenas, trepa, se te fuga al corazón. Derriba las  puertas, entra con peso plomado  y empiezas a notarlo cuando percibes su retumbo, cuando toma posesión. Es ese instante preciso en el que no puedes respirar. Brota entonces la primera lágrima, pronto rodarán las demás. ¿Sentiste acaso el dolor en el pecho? Ha llegado. Es un nudo ciego y se ha cerrado. Echa raíces y  ya puesto, no habrá fuerza suficiente para desatarlo. Para arrancarlo.  Te lo llevas a donde vayas, para siempre. Así nacen las penas que permanecen. 

Y es que no siempre logro desatar los nudos que me ocupan la tripa. Como hoy. Ahí está el retumbo que crece, me falta el aire, siento al pecho acalambrarse, se desliza la lágrima primera. No puedo detener el llanto. Sin remedio la pena llegó para quedarse. Y para contar cómo duele me faltan palabras. Cosa rara.





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