Para esta afonía

La casa durmiente cobija a sus otros habitantes,

también son durmientes de largo aliento

Somos tan pocos.

Estamos todos y somos tan pocos.

No escucho más que ladridos lejanos.

Ajenos.

Los perros de esta casa dormida son cómplices en su mutismo.

Ni la música,

siempre capaz,

llena hoy la afonía que da vueltas a mi cuerpo,

como si fuera un aglomerado de vendas momificantes.

Para derrotar a la dictadura del silencio busco aliados invisibles.

Encuentro uno en la canción de la batidora,

otro en la cadencia del cuchillo cuando trituro pecanas. Alguien habla con voz de chispa en la mantequilla acanelada que derrito para dar un baño a las manzanas.

Pero el horno no.

Él no habla.

He de esperar a que el reloj alarmado dé su grito de alerta cuando la tarta esté dorada.

Con ojos cerrados veo cómo asoma el aroma,

su listón de miel y especias hace un amable intento por convertirse en sonido.

Un esfuerzo fallido.

Ahora a la ducha.

Ella también sabe cantar.

Su cuerpo de diminutos cristales líquidos abrazará al par de lagrimones inútiles

que innecesarios

se dejarán caer.

Digamos que bailan.

He vencido la distancia del tiempo silencio con mis sonidos íntimos culinarios.

La casa empieza a despertar.

#milyunmaneras de evadir a #lasoledad

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