Nido vacío

Se hicieron vastos los sitios que ocuparon mis hijos antes de hacerse hombres, mi tiempo que era suyo quedó al amparo de un nuevo silencio, mis manos, desconcertadas.

Con suave cadencia fui poblando sus vacantes con libros, más libros. Otros libros.

A paso de caracol me he construido una aldea de historias, de veredas con personajes entrañables.

Lugares de cristal y luz asoman en páginas diversas, como si el papel fuera una ventana que no sabe cerrarse.

Relojes de todos los tiempos hablan los lenguajes antiguos. Predicen cómo se abrirán las puertas nuevas a un mundo anciano.

Las palabras me sostienen.

Mi nido vacío se convirtió en maestro de la resiliencia.

Mi nido vacío es hoy una caótica, luminosa y redentora biblioteca.

Un lugar en donde mis hijos hombres vuelven vida atrás y renacen hijos niños de nuevo.

No se enteran. Su visita atemporal es el regalo que leer coloca en el centro de la imaginación.

Mi nido vacío es hoy una poderosa biblioteca.

En la punta de la lengua

No todos encuentran palabras precisas para nombrar al afecto.

A algunos ni se les ocurre buscarlas mucho menos decirlas. A otros se les dificulta, no les gusta mostrar la mejor de las vulnerabilidades humanas.

Por fortuna, existen algunos magos que en la punta de la lengua llevan puro amor.

Casos raros pero reales.

Si te amo, si te quiero, te lo digo. Lo repito, lo susurro en tu oído, lo digo llorando, lo digo riendo, vuelvo a decírtelo.

Remato un beso con un te amo. Remato un te amo con otro te amo. Te abrazo y antes de soltarte repito que te amo. Uso los brazos y uso palabras.

Un te amo pronuncio de nuevo. Suave y lentamente.

Tu ausencia monarca

Estás en cada anécdota que no pude contarte ¿sabes?

Estás en cada palabra que he debido guardar. Estás.

Y es que fue tan corto tu tiempo, tan breve, tan veloz, que de no estar estás en todo, sin remedio.

Estás en cada día y cada noche, en todos los silencios y en todas las canciones.

Por siempre estarás.

Tu ausencia monarca, en el centro de todo, hasta mi final.

Cambio de año

Una de las certezas más evidentes cada último día del año, es el cambio.

El cambio en la mirada al mundo, en nuestro interior, en la dinámica humana, el cambio en los anhelos.

Que el 2022 llegue pleno de magníficos cambios, ese es mi deseo para cada ser humano.

Gracias por existir.

Glorias de un pasado vivo

El encanto de recordar su última Navidad, la exquisita noción de saberlo vivo. Su misión de enseñarnos a creer lo imposible, la intención férrea de hacernos felices. Su gozo al lograrlo.

Cuatro niñas en la gloria. La complicidad de su joven mujer en aquella fábrica de sueños.

Una memoria omnipresente.

Con celosa devoción

Coloco en las extremidades del árbol capítulos de historias únicas, irrepetibles. Mis hijos, con cada tramo de su infancia en la mirada, asoman como estrellas en los adornos.

Hoy son hombres mis hijos. Pero las figuritas guardan con celosa devoción más de dos décadas de recuerdos. Casi puedo escuchar sus voces como eran antes de que cruzaran el puente.

Y la emoción me subyuga bajo los silencios que quedaron en su sitio. Me queda grande la noche, por eso te lo cuento. Tal vez tú también oyes lo que me cruje dentro.

Memoria

Complicado cuando la memoria asume la disciplina como método de escarmiento.

Enciende el multimedia mental. Recuenta recuerdos sin cesar. Enumera detalles, recrea imágenes, reproduce voces y sonidos. También silencios.

Se pone terrible, adopta actitud militar, toda ella implacable.

Tenaz, la memoria insiste como si supiera algo vital que atañe al futuro. Ella, la guardiana del pasado.

Gozos feroces

Me bebo la noche del viernes leyendo sin prisa y sin pausa y con gozo feroz.

Leo durante horas.

Recuerdo aun aquella otra vida en que me la bebía bailando.

Con el tiempo aprendí que no son tan distintos, que ambos hábitos son búsqueda.

Son dos gozos feroces.

Desde afuera, infinitivo

Contemplar la vida propia a distancia, 
tropezar con su ritmo desbocado 
ver las alcobas interiores, 
habitadas unas, abandonadas otras. 

Observar dinámicas, 
paralelos inevitables, 
reconocer sus abismos.

Oír los silencios apilados en los muros del tiempo, 
sentir  la inmensidad de su paliza. 

Verte completa desde afuera, 
frenética 
golpeando la ventana  
sin poder romperla.