La Nieta

Ojalá la vida que aún no llega me regale una nieta. Y no digo Dios. Él no se ocupa del género, creo. Ni de extravagancias.
Una niña, pequeñita como su abuela, o grande como su futuro. El tamaño es irrelevante. Un trocito de gente  que se deje cuidar y acompañar, y escuche con romanticismo lo que su abuela tenga que contarle. Alguien a quien le brinque el corazón con la música, despierte con la poesía y le guste usar el pelo largo. Una chica que sienta muy adentro el efecto que la luna tiene en asuntos de amores, de joven y también de vieja. Una mujer que entienda la magia que otorgan los tacones, cuando precisa levantar al ánimo y sepa dejarlos tirados  cuando le toque correr.

Que arremangue actitudes cuando lleguen las pruebas y procure sonreír al mismo tiempo a pesar del miedo. Y de paso me enseñe como se logra semejante hazaña.  Que lea  Por favor!   viaje en los textos al infinito y necesite el hechizo de las palabras cada día de su vida. Una niña que se sienta dichosa por las joyas que le heredaré. Porque no serán de metal o piedras, sino de papel con palabras. Ojalá  que el peculiar brillo que esconden las páginas la deslumbre siempre. Espero que sea de esas mujeres a quienes la curiosidad no las abandona jamás. Tampoco el asombro. 
Una niña que me quiera tanto como para contarme sus historias y aunque antiguas, disfrute de las mías. Alguien que me necesite casi tanto como yo a ella.
Y sí, hoy amanecí ambiciosa, pidiendo grandes deseos.

2 comentarios sobre “La Nieta

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