A MIS MAESTROS DEL RECUERDO EN SU DÍA

Muchos maestros, tantas lecciones. Eso me ha regalado la vida y hoy es un buen día para abrazarlos y agradecerles.
Esta pasión por contar historias, y el amor eterno que le profeso a nuestro idioma nacieron en primaria. Una maestra de pelo rizado, y alérgica a la mala ortografía los sembró en mi alma de niña. En sus inolvidables clases de Idioma Español escribí mis primeros relatos. Ella les llamaba “Redacciones”.

Nos enseñó de qué está formada la anatomía de una buena historia: “introducción, nudo y desenlace.” Lo repetía con tal convicción que aun la escucho decirlo después de treinta y muchos años.

Nos mostró también la elegancia que la sangría regala a los párrafos. Y a encontrar los cuentos que dormían en nuestra imaginación de cuarto grado.

En sus clases, vestidas de dictados, sujetos, predicados y preposiciones me hice novia vitalicia del castellano y sus modos. Hoy es un buen día para agradecerle desde la distancia de los años. Una ocasión para abrazarla y celebrarla. La recuerdo con amor, Olga Riedel.

Los recuerdos y el agradecimiento siguen…
Fue un encuentro explosivo y feliz el que tuve con la poesía y la literatura en inglés. Era una adolescente y desde entonces aprendí a descubrir todas las caras escondidas en una palabra o un verso. Es un gusto que solo ha crecido y me acompaña siempre.

Semejante tesoro se lo debo a una maestra de inglés tan amante de su cátedra, que me enseñó a encontrar prodigios en la literatura anglosajona. Emily Dickinson, Robert Frost, E.A. Poe y tantos otros traen, cuando los leo, su voz y su recuerdo. Gracias Sonia Bendfeldt, por enseñarme algo que me hace tan feliz. Hoy en su día, le mando todo mi cariño agradecido.

Y a tantos otros…

Yoly Kelner, gracias por enseñarme a sentarme bien en el bus, Alfred Herzig por acompañarme en el año más doloroso de mi niñez como maestro encargado en 2 grado, Ernst Waldner por sus enseñanzas de alemán, Alfred Sperlich por tratar de meter en mi cabezota conceptos matemáticos intergalácticos para mí, Olga Riedel por las redacciones mágicas, Sonia Bendfeldt por la inolvidable poesía, Thelma Castillo por el color y la forma, Astrid Muller por la música maravillosa. Patricia Goyzueta, por tus clases de socio, pero sobre todo por la amistad que la vida nos regaló. A Liesel de la Peña por enseñarme a meter la panza al bailar cuando era niña, y ahora a los cuarenta y muchos por la paciencia que le tenes a mis zapateados cansados.
A todos, a los que ya no están, a los que me habrán olvidado, a los que no tiraron la toalla, a los que me exigieron y me enseñaron a creer… ¡Feliz día del maestro!


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