NI DEMENCIA NI EXTRAVAGANCIA

No les temas, llegan así, libres y sin pedir permiso. Las verás emerger despacio y caminar con suavidad cuando la música me sacude el corazón. No te apures. No traen pena.

Si aflora alguna mientras sostengo un libro, ni te inmutes. Han encontrado un verso luminoso y desean besarlo. Se han enamorado de un lugar, una historia o de un personaje. Entre líneas han descubierto algún buen amor. Es su modo con las letras y no traen dolor en su humedad. Solo alivian a las emociones antes de que estas estallen y se pierdan por mil caminos. Ignóranos.

A aquellas que llegan cuando pierdo la mirada en algún cielo o en algún mar no las interrumpas. Tampoco las juzgues por favor. Son gotas de nostalgias y de recuerdos. Evocan gente y pasados. Son necesarias para traer alivio, indispensables para continuar.

No pretenden conmover, tampoco incomodar. Solo llegan como lluvia ligera para refrescar, para que pueda renacer.

Son lágrimas de alegría, de gozo, de descubrimiento. Son cascadas pequeñas de remembranza. Me recuerdan como he vivido y cuanto siento.

No les temas, no las condenes. Cuando las veas recorrerme, si quieres, puedes abrazarme fuerte. Cierra los ojos, entonces entenderás. Si no quieres el abrazo no pasa nada.

No te sorprendas si en medio del llanto de pronto sonrío. Suele pasar que risas y lágrimas se acompañan, no es demencia ni extravagancia. Es sentimiento.


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