PROPIA Y AJENA

Gran cosa es la experiencia. La que se construye a prueba y error. Esa que se baña con lágrimas o se adorna con risas, que aprieta nudos o provoca vuelos de mariposas en la barriga. También está la que conocemos observando. Esa es distinta y distante. No se teje en el ADN de nuestras emociones. No es nuestra. No tatúa el sentir como la digerida a título personal. Pero a paso de año y de pena algo nos deja.

Quisiéramos transmitir a los jóvenes las lecciones dejadas por nuestras experiencias. Y nuestra habilidad para aquilatar la de otros. No sucede. Como tampoco sucedió cuando nosotros éramos esos seres con pocos años y mucha hambre de experimento.

A veces recuerdo una adivinanza:

 “Qué es aquello que se compra caro, se ofrece por nada y con frecuencia se rechaza? La experiencia. La experiencia de los viejos.”
 Isak Dinesen


Realizo que mi forma de creer en su sabiduría me cuenta que ya hay algo de vieja en mí. Y esa certidumbre me hace muy feliz.


“Es un viaje la experiencia, un camino, 
un horizonte conquistado,
 muchas lecciones aprendidas 
y todos los momentos atesorados”
NSdP

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