LOS ACUERDOS DE PAZ

El perro de nuestros hijos -el guapo de la familia- es un Husky siberiano parecido a Brad Pitt. Es rubio-canelo y tiene ojos azules. Se conduce como príncipe de la realeza canina. Mis mascotas, pequeñitas y plebeyas, son una pareja de pericas australianas. Benedetti, el macho, tiene sus atributos: plumas frondosas de un amarillo parecido al jugo de naranja natural y su pico es azul eléctrico.  Neruda -la hembra- no es tan agraciada. Pero es quien manda en la jaula.
Hace unos meses, Blitz -así se llama el perro guapo- derribaba la jaula embistiendo su pedestal. Ellas atemorizadas, se desplumaban volando de un lado a otro y emitían graznidos de pavor. Gracias a los barrotes, él no encontraba forma de refaccionarse a mis aves.
Hoy observé como se relacionan, es interesante. El perro y mis niñas evolucionaron en su convivencia. Despacio, el da dos vueltas a la jaula, ellas giran sin perderlo de vista. Blitz mueve su cola con alegría, y se echa al lado. Las ve mientras descansa. Ellas cantan para su majestad, él aprueba el concierto acomodándose mejor. Con un movimiento amable de cola y algunos trinos, firmaron sus acuerdos de paz.

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