Contradicción

Un desorden imposible de organizar. 
Este hoy que se contradice con aquel ayer.

El bajón de este momento que nada tiene que ver con la euforia de hace un rato.

Un choque de opuestos reales me sucede dentro, un enigma imposible de resolver.

La negrura incapaz de iluminarse.
La luz que no se deja atenuar.

La ceguera,
la sordera,
el relámpago,
el estruendo.

El agujero negro,
el silencio.
La bengala y la sinfonía.

El temor a desvanecerme
o el miedo a resurgir.

El deseo de ser invisible
y la ansiedad cuando no me dibujo.

Cuántas formas de desencuentro.

Este espíritu que como humo sube y como lluvia cae,
este espíritu que se tiñe de azul o de sol,
este espíritu que no se entiende con él mismo.

Este espíritu
constante contradicción.

Mujer ciudad

Hubo un milenio, un jardín, una autopista
hubo un tiempo de leyenda poblado por mujeres luz.

Brotaban las ideas
como cristales
caían en cascada
eran música y búsqueda sus palabras.

Las voces jóvenes
como los cuerpos que les cuidaban el alma
no conocían los colmillos del miedo.

En el pecho guardaban
luciérnagas
encendidas como ciudades
en el vientre, lumbre
promesas de vida
caminos y ventanas y plazas
historias incandescentes
guardaban amor.

Hubo un milenio construido con cuerpos
en perpetuo movimiento
con risas y besos y pasos seguros
fueron mágicos, fueron fuego
alamedas con farolas.

Fueron los tiempos de la mujer ciudad.

Y a pesar del camino derruido y de la oscuridad
aún los recuerdo.
Auto retrato 2019, Mujer Ciudad

			

Un nombre

Leías tanto, padre
de ti heredé el vicio.

Fue en tus lecturas
de juventud
donde me encontraste.

Agonizaba dentro de un párrafo
la dueña de mi nombre
en la vorágine petenera.

Y tú, prendado
con fantasías amorosas
que solo encienden a los dieciséis
rescataste a la Nicté lacandona
en alguna página de Guayacán.

Rodriguez Macal, tu cómplice
desde entonces.

La acunaste con esmero,
como si no fuera ficción de escritor.

Durante años la guardaste
para cuando te llegara hija.

A tu corazón se arrimó mi madre
y les nací niña, años después
de tu encuentro de novela.

Y cumpliste tu deseo.

Con un beso en mi frente
de vientre aún húmeda
me nombraste.

—Aquí está tu Nicté—
dijo ella, oponerse
a tu férreo deseo
no tenía caso, porque

desde alguna tarde de lectura
en la inquietud de tu mocedad
con mimo me cuidaste el nombre
seguro de que no habría otro.

Nicté...

Si te contara los entresijos
locos, en los que me ha colocado.

Pero me lo regalaste tú, padre.

Para mí, celoso
lo guardaste.

Esa amorosa noción
basta y sobra
para llevarlo bien puesto.

Decir mi nombre es una manera más
de conservar tu memoria viva
cercana, grande
por siempre a mi lado.

Cada vez que lo firmo o lo digo
cada vez que me llaman
asoma el fantasma de tu sonrisa
joven te veo, libro en mano

explorando historia y jungla
cuna del encuentro que me nombra
y me nombrará, hasta el último día.

El chico del bulevar

Gatea sobre el asfalto, palpa, busca, 
el chico del bulevar.
Su recipiente está vacío. 
Es transparente, como pecera,
una bola de cristal con la que pide limosna.

Los carros transitan despacio 
en esa parte del bulevar,
se trata de un lento retorno en U.

Y lo vemos, sí,
quienes buscamos retorno, lo vemos.

Verlo a gatas desbarata, acongoja.
Pero no podemos detener la marcha,
bajar del carro, ayudarlo.

Porque el tráfico continúa,
porque la vida corre, 
porque la inercia urbana no da tregua.

Una bocina aúlla, otra, y otra, más lejana.

--¿Se te cayó, mijo?-- pregunto.
--Mis fichas, seño --responde.

Algo le doy, menos de lo que quisiera.
Coloco, en su burbuja vacía
lo que la bocina y la prisa de otros permiten.

Ellos, quizás 
no lo vieron gatear
sobre tinieblas de asfalto
en busca de monedas perdidas.

En la U que rompe el sentido del bulevar,
frontera vial de las Vista Hermosas,
un chico pide limosna 
con música de tambor.

Algunos centavos caen, como llovizna
desde las ventanillas de los autos.

Cada tarde en el mismo sitio,
a cambio de monedas,
toca tonaditas sobre un tambor gastado

el chico ciego del bulevar.

Y no dejo de pensar, 
al escuchar la tristeza de su tambor 
al sentir su mirada, perdida en sombras
que en esta jungla de asfalto
todos estamos ciegos.

Lo de Lara y Yuri

Como lo de Lara y Yuri ¿Sabes?
Así de intenso, inevitable.
mientras te hablo, mis manos
dibujan filigranas en el aire.

No tengo idea de quiénes son Yuri y Lara,
respondes, sin ver mis filigranas,
tu mirada seducida por guerras de televisión.

Y esta disonancia, cariño mío,
es mi eterna contradicción.

Intensa e inevitable,
como lo de Lara y Yuri, trágica
como su historia.

La culpa es mía.
Tú ni te enteras.

#Babel
#DoctorZhivago

DESCALZAS

Sentadas en la alfombra
descalzas
mi amiga hermana y yo
desciframos canciones

quince años
        tal vez dieciséis.

Imagen fundamental
sostén de la alegría
un amuleto en la memoria.

Los 80’s, de viejo siglo
sus días inolvidables.
                  
No había tregua para el toca cintas.
Stop, rewind, forward
para adelante y para atrás, el cassette
hasta sacar todas las palabras de su corazón
hasta hacerlo temblar.
 
Cada frase de cada estrofa
desentrañada interpretada devorada
tantas canciones convertidas en papel
hoja tamaño carta
en líneas
caligrafía meticulosa.
 
Cartapacio Monte María
recordadas hasta esta noche
hasta mañana, Toda la vida.
 
Largas horas
de tardes enteras
memorizando letras
nuestras canciones del alma.
 
Y casi todas, siempre 
canciones del alma.

El cartapacio
la alfombra
amiga hermana, cuánto te extraño...
 
I can’t fight this feeling any longer
aquel amor primero, desgarrador.
 
When I was young 
it seemed that life was so wonderful
los permisos, cruelmente dosificados.
 
Ahora es instantáneo.
Spotify o Deezer o lo que sea
desconocidos entonces
espiaban, como agentes secretos del futuro
y copiaron nuestras notas
de música adolescente.
 
Like a Virgin, touched for the very first time
un corte de cabello, casi salvaje.
 
Pequeña amante, dieciséis años son tan pocos
sábados de sol, baladas de amor.  

El gozo y el logro
el vínculo irrompible
y el tiempo soñando
                             descalzas
 
permanecen nuestros
íntimos, profundos
no hay fenómeno digital
que los sepa regalar.

               Amiga hermana, cuánto te extraño...


			

Palabras fantasma

Cabe tanta contradicción en un  pequeño cuaderno, 
dudas disfrazadas de acontecimientos. 
Penas y asombro. 

El desorden de fechas 
espejo del caos sentimental
impide encontrar sentido en el texto. 

Asoma un hilo conductor, 
se lee entre líneas, 
en lo que no está escrito. 

Narra una historia triste de palabras fantasma.