A lo largo de un almuerzo tardío, de principio a fin, te entregas al celular. Conversas, consultas, escuchas, vuelves a conversar. Tanto por resolver, dices a un interlocutor impreciso. La dirección de tu mirada nada tiene que ver conmigo.
Sentada a tu lado, despacio, intento disfrutar los alimentos. Un bocado, dos bocados, tres. Veo las flores en el centro de la mesa, su encanto fucsia, su fresca presencia. Por la ventana de este sitio colonial en la ciudad empedrada, por siempre hermosa, observo, en algún sitio debo colocar la mirada. La gente transita contenta. Un mesero espía furtivamente. Aquí tu cuerpo, tu voz, pero tú, en otro sitio.
El eco de mi silencio me acompaña, me conduce mente adentro. Y pienso y repienso y rebusco y encuentro las tantas historias que dejé de vivir.
Termino mi plato, delicioso por cierto. Tú aún conversas con ese otro mundo.
Buen provecho.