Esas rayitas que nacen en medio de mis cejas, trincheras que se hacen más profundas con el paso de los días.
Esos trazos que me acompañan hasta cuando duermo, son símbolos de los sitios a donde la vida me ha llevado. Se hunden más y más mientras las historias que habitan mi mente se alargan.
Son zanjas que cuentan cuánto he aprendido, son las líneas de mi inagotable curiosidad. Se vuelven acantilados cuando me indigna la injusticia, cuando naufrago en olas gigantes de dudas, cuando añoro lo imposible.
Son cuchillos que rasgan mi entendimiento si me encuentro ante nudos imposibles que, en mi humana fragilidad, jamás podré desatar.
Son heridas y son altares y son palabras que aún no se atreven a nacer.
