Mentiras sobre mi madre

“…tampoco una sola historia, como esta, puede salvar a todas las demás mujeres.”

No logro deshabitar esta historia. No dejo de pensarla y transitarla. Me acompañan la anatomía de su argumento, las decisiones y acciones y complejidad de los personajes, su condición de espejo. Cuando un libro que sucede en geografías y tiempos distantes resuenan como metáfora de la experiencia o de la observación, es inevitable padecerla. 

Autoficción o novela autobiográfica, “Mentiras sobre mi madre”  (Editorial ADN) de Daniela Dröscher, es una historia familiar y cotidiana ambientada en la Alemania de los años 80´.  Ela empieza  a los seis años, desde su aguda mirada infantil, a narrar la dinámica que sostiene en vilo la caótica relación de sus padres. También a angustiarse por las consecuencias. 

El padre es un hombre de origen campesino que ha escalado algunos escaños en la jerarquía laboral. Es el primero en su familia en trabajar en una empresa de cierto prestigio. Ostenta un puesto, a su parecer, de relativa importancia. En su pueblo natal, a donde regresaron a vivir después de intentarlo en la ciudad, él se considera importante. Según su apreciación, su esposa, dadas sus circunstancias y de acuerdo a sus expectativas, no está a la altura. No cumple con lo que él necesita. La madre es inmigrante silesia, no pertenece y no se siente acogida.

El padre está obsesionado con el peso de su esposa. A lo largo de la historia, la hostiga constantemente hasta llegar al extremo de obligarla a pesarse en una balanza bajo su supervisión. Ella intenta un sinfín de dietas, de métodos, de trucos.  Y Ela, desde pequeña, es un angustiado testigo. A los ojos de su padre, su madre es inaceptablemente gorda. Y esa noción le provoca un inmenso desasosiego.

“La carga que implica todo ello para mi madre…era algo que no llegaba hasta él. Y, como de costumbre, al final solo había una cosa que le importara: el físico de mi madre. Lo terrible que le resultaba que lo vieran con ella por ahí.”

Una y otra vez, la madre sucumbe a la inverosímil presión de su esposo. Lleva huellas de la constante descalificación, de su insensibilidad. Al mismo tiempo, es una mujer fuerte, llena de cualidades, y esa paradoja mantiene al lector en un estado de intriga frustrante y constante. ¿Por qué complace el sin sentido de su marido? ¿Por qué permanece?  ¿Por qué lucha contra su naturaleza? ¿En realidad lucha?

Una servidora nata, capaz de cuidar a dos hijas propias y una niña víctima de abandono, al mismo tiempo que cuida a su madre enferma de Alzheimer, la madre de Ela trabaja fuera y trabaja en casa.  Trabaja hasta el cansancio.  Atiende lo impensable mientras se trate de los demás.

Y claro, jamás logra complacer a su marido, ella simplemente no es quien él quiere. 

La historia es simbólica, reflejo  de la necesidad (o necedad) masculina de editar a la pareja, de quitar y poner, de construirle una imagen y conducta, quizás por proyección, quizás por ser a su vez producto cautivo de un sistema ancestral. Más allá de construir una versión de quien su pareja debe ser, se otorga el derecho a exigirla.

El peso de la mujer, hilo conductor de la narración, es la metáfora de un rasgo atávico presente todavía en el sistema patriarcal.  Si no es el peso son los gustos, la forma de hablar, de vestir, los intereses, incluso, la forma de pensar. El afán de edición puede llegar a ser vasto. Un insaciable y solapado método de control.  

La protagonista vive en constante soledad, en un ambiente de hostilidad sutil. En su calidad de forastera, no posee amigas en el pueblo, no conoce la solidaridad ni cuenta con la protección real de su pareja en los momentos dramáticos. Paradójicamente, manifiesta rasgos de genuina fortaleza en situaciones extremas. Un personaje complejo, generoso, resiliente, por tanto, muy difícil de comprender. 

Aunada a la bien lograda voz infantil, la versión adulta de la narradora interviene con intermitencia entre capítulos.  Una Ela (Daniela) madura expone, desde este lado de la experiencia, conclusiones y hechos irrefutables. También plantea cuestionamientos que no logra resolver. Entabla con el lector y con su misma madre un diálogo que explora cada abismo de lo que fue la vida de sus padres cuando ella y su hermana eran niñas.

“He escogido la escritura porque es la mejor forma posible de ahondar en el corazón humano…mientras escribo, continúo al borde de ese campo de batalla que es el matrimonio.”

Sobre esta historia compleja, completa, seductora, estupendamente escrita, podría continuar escribiendo. Inflama un puñado de emociones que golpean, se contradicen y a la vez se acompañan. 

Ya lo he dicho, “Mentiras sobre mi madre” no se deja abandonar. 

“Yo no sabía que escribía un monumento a mi madre, pero lo es. También he sido consciente de que cuento la historia de muchas madres y de muchas hijas. Incluso de las de hoy en día. Y esta historia es más grande que yo y que mi pequeña familia.” 

Daniela Dröscher 

2 comentarios sobre “Mentiras sobre mi madre

  1. Qué reseña tan poderosa y sentida.
    Tu lectura va más allá del argumento: atraviesa capas emocionales, simbólicas y sociales que muchas veces no se nombran, pero que están presentes en tantas historias familiares.
    El “peso” como metáfora de control, edición e invisibilización me estremeció.
    Gracias por poner en palabras lo que muchas hijas han sentido en silencio.
    Este texto también se queda conmigo.

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