Reflejo

En esta tarde que pronto se hizo noche  no es la infancia de mis hijos la que añoro. Es la mía. 

Después de bailar un poco de flamenco, de ver la imagen de mi cara y mis manos y mi falda en ese espejo, después de sentir esa guitarra que quita dolores, después de sevillanear con amigas,  ¿quién no desea volver a su primera época?

El reflejo que emana del espejo, como vapor que baila sobre una olla, es el de una mujer a medio camino. Más de cuatro décadas trazadas en su seño, en la mirada, en todos los renglones escritos sobre el rostro. Debajo de esta imagen se oculta la pequeña que igual bailaba con tacones y vuelos en el siglo pasado. En otro espejo, en otra aula, pareciera que en otra vida.

Espacio de los futuros de antes,  ¿dónde quedaste tirado? Sabrá nadie qué drenaje engulló para siempre nuestros días niños de siglo XX….

Ahoguemos la añoranza pues, con una sevillana, acaso con tres. Y con la cuarta también.
“Cántame por sevillanas pa’que vuelva la alegría…”

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