Revivan muertos míos, que ha llegado noviembre

Hermoso día para que nuestros muertos revivan un rato entre fiambres y familia. Que se pongan al corriente y conozcan la original forma en la que se multiplicaron sus genes.

Quienes nos dejaron cuando aún éramos niños que se asombren de los vejetes que hoy somos, y con quienes apenas partieron retomemos la conversación que inconclusa dejamos.

“¿Me ves padre? Ya no tengo ocho años. Soy una vieja cuarentona que se parece a tu mamá, tengo hijos que ya no son niños y la terrible maña de invocarte a diario. Hoy prometo no pedir milagros ni hacer reclamos.” 

“¿En qué nos quedamos Yelle? en varios asuntos, en la cocina por ejemplo. De verdad, la receta de la Waldorf es la misma que me dio, idéntica, solo que yo no pelo la manzana…”


“Cuénteme Tata, ¿qué le parece la versión Siglo XXI de su fiambre? Guarda su esencia, mi paladar no lo olvida, ¿Y el suyo? treinta años no pueden borrar algo tan intenso de la memoria, ni de vivos ni de muertos.”


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