DESNUDO Y HÚMEDO

Es una forma de desnudarnos, descarada a veces. Y habemos mujeres a quienes se nos da con mucha facilidad. Algunas lo hacemos en soledad, otras necesitan acompañarse. Puede ser con arrojo y arrebato, o suave, despacio y sutil.

La música suele ser buena compañía en esos momentos de desnudo. Hay quienes prefieren el silencio. 


Sí, es cosa muy natural el fenómeno del llanto. Lagrimear porque alguna emoción ya no nos cabe dentro, porque nos duele un poco el cuerpo o mucho el alma, es parte de esta aventura de la vida.


Cuando éramos niñas, si nos sentíamos solas, si nos regañaban, si nos lastimaban o nos lastimábamos, llorábamos. Si nos asustábamos ¿Qué quedaba? Llorar. El llanto drena torpezas y amaina dolores. También atrae consuelo y caricias.

 Los hombres corrían otra suerte.  Yo no entendía la cantaleta que les recitaban a los niños. “Los hombres no deben llorar” Era injusto. Se hacían pedazos, y además de sentir dolor tenían que gastar energía en aguantarse porque tocaba jugar al macho valiente. Peor aun cuando les dolía el amor propio o los acechaba alguna pena. Ha sido una carga grosera para nuestros queridos hombres tener que privarse del privilegio de desaguar tristezas o llorar de alegría. Contenerse enferma.

 Recuerdo a mi abuelo advirtiendo a mis primos. Cuidado se les ocurría manifestar que eran seres sensibles a través de alguna lágrima. Desde que son adolescentes, hasta la fecha, no recuerdo haberlos visto llorar. Ni en los funerales de nuestros muertos amados ni aquellas veces en las que les partieron el corazón. Porque de algún momento desamoroso no hay quien se salve, y a ellos les tocaba tragársela. La lógica detrás de este límite impuesto al sexo fuerte es la fortaleza que deben cultivar y perfeccionar. Y en ese ejercicio no cabe el llanto, supuestamente.

Nosotras lloramos de tristeza, de alegría, de susto, por miedo, con la música, con los libros o las películas.Con los recuerdos. Ellos no. Nosotras suspiramos aliviadas después de una buena moqueada, ellos no conocen ese deleite. Sé que algunos ya rompieron el paradigma, pero en general son más rígidos de lo que imaginamos. Y se pierden de algo saludable a lo que tienen todo el derecho que su condición humana les confiere. Porque tienen corazones intensos y generosos que sienten a lo grande.

Admiro a los hombres sensibles y en contacto con sus sentires, son personas que tienen mucho que dar. Me resulta interesante un hombre que se emociona con un poema o la letra de una canción y es tan cero bolas que lo comparte con entusiasmo. Venero a aquellos que, cuando alguna tristeza los acecha, le hacen frente con lágrimas sentidas, dignas y valientes. No puedo resistir darles un abrazo.

Somos dichosos los seres humanos que sabemos desnudarnos a gota de lágrima. Reconocemos en el llanto un mecanismo para seguir viviendo. Son afortunados los caballeros que lo saben y lo viven, esa es valentía pura.  










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