NEGOCIO CON LA VIDA

Hay épocas en que la actividad comercial de la vida se pone intensa. No utiliza al aburrido euro, esa moneda fría sin historia ni personalidad. Tampoco al dólar, está muy sucio y a veces miente. ¿Y el quetzal? ¡Ni hablar! La vida solo reconoce al de bello plumaje que vuela y se esconde. No, su negociar consiste en quitar y dar.

A su juicio, usando la milenaria técnica del trueque, actualiza nuestros activos. Hoy pienso en las nuevas transacciones que la vida y yo hemos celebrado. Para empezar, cruzó mi camino con el de viejas y nuevas amistades. Me mostró que hablamos un mismo y peculiar lenguaje. Con ellos llegaron risas, conversaciones iluminadas y tardes de letras ¡Inolvidables y vitales!

De pronto, despertó a la buganvilia de nuestra jardín. Esa a la que le hacíamos y poníamos sin lograr que floreciera. Hoy la vi. Nuestra ventana no necesita más decoración que su inquieta llamarada fucsia.  Además, en las últimas semanas, me ha regalado tardes de sol y jardín con Alex. En las que juntos en silencio, nos sentamos a ver los volcanes cuando se van a dormir.

Como broche de oro, hoy trajo un tesoro. Abrí la prensa, y en medio de tanta sombra y desconsuelo lo encontré: dos poemas inéditos de Benedetti. Eso no sucede todos los días. Y es cierto, a la vida le gusta jugar. Se lleva certezas que nos dejan boqueando o llorando.  Pero hoy agradezco estas pequeñas grandes cosas, que me ha dejado a cambio.

(Foto de mi amiga Cuchi, tomada en su casa)

 

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