Historias que se enlazan como cuerpos

Luis García Montero ha escrito un sentido himno a la memoria de su mujer. Más que un poemario, UN AÑO Y TRES MESES plantea un recorrido por las rutas del duelo y explora los misterios que un marido procesa en su corazón doliente. Ofrece también una mirada breve a los largos años que compartieron.

Qué ternura, cuánta sabiduría, qué tamaño de amor…

Con la pericia de un hombre que sabe de palabras, que ha hecho del lenguaje su universo, García Montero derrocha belleza y alma en cada uno de los poemas. Los ha construido naturalmente, muy lejos de cualquier lugar común.

Lo imagino escribiendo. Entre la pena por la muerte y gratitud por la convivencia, el poeta enamorado rinde a su compañera un homenaje casi sagrado. Rodeado de todo aquello que los vio ser pareja, dentro de un espacio habitado por el arsenal de los perpetuos recuerdos, ha creado una magistral colección.

La camino por tercera vez y salgo de cada pieza nuevamente conmovida.

Almudena Grandes se fue demasiado pronto. Como sucede con los artistas que con la trascendencia de su obra dejan un mundo mejor, quedan su voz y el compromiso que rige su escritura. En cada libro suyo palpita por siempre un acucioso talento para construir historias .

Vive Almudena en cada libro y habla Almudena en cada columna.

Sus lectores la invocamos en el conjuro de la literatura.

Su marido le escribe poemas, qué manera hermosa de continuar amándola.

Con Jaime

“Siempre en la cama ocurre lo mejor de la vida: el nacimiento, el amor, la escritura y la muerte.”

Jaime Sabines

No recuerdo con exactitud cuando fue la primera vez que leí a Jaime Sabines. Lo que nunca olvidaré es el golpe que sus versos le dieron a mi ánimo, a mi entendimiento, un golpe certero como sus versos.

Fue gran amigo de Ángeles Mastretta, ella lo celebra con merecida iluminación en su libro de memorias “El cielo de los leones”.

Tampoco recuerdo cuando encontré este texto, fue hace muchos libros, hace tanto.

A través de Ángeles y sus recuerdos y en el corazón de los libros de Sabines que tuve la dicha de recoger por el camino solitario que ando, este poeta de intenso verso terminó de seducirme.

Y es que a pesar de haber muerto hace años, Sabines no se va.

Hace muchas noches leí una entrevista que le hicieron en el año 84. La simpleza de su historia conmueve, sin remedio, sus palabras me agitaron de nuevo.

Me impactó la frescura de su afirmación sobre la cama, la encontré escondida en alguna de sus respuestas. Y no pude resistirme, merece ser compartida.

Los que escriben me entienden.

No me mires

No te quedes viéndome así
no deslices tus ojos hielo sobre mi cara
desde esa torre tuya
desafiante
y misericordioso a la vez.
 
Mi rostro es un minúsculo islote
una posdata breve
el párrafo de un prólogo pequeño
apenas un principio
o acaso el final.
 
Ahí no encontrarás el manantial de mi verdad
no son, mis facciones de muchas razas
la jungla donde florecen mis raíces.
 
Son solo dos cejas arañadas por el tiempo
una nariz fracturada por danzas de otra vida
huesos rotos, atornillados
huesos ingenuos que aún sostienen mi faz.
 
Este rostro de mujer
es un simple contador del tiempo
pecas nuevas con cada luna
rayas de años que trazan
con sinuosa geometría
abstractos verticales y horizontales
al azar.
 
No lances las piedras de tu tiempo
sobre mi cara
atropellada por avalanchas de desconcierto
violentada por escrutinios
como el tuyo.
 
Este rostro que desarmas con tu juicio
es tan solo una imagen que la vida erosiona.
 
 Pon atención a lo que llevo dentro
es tan fácil, habita cada cueva
de mi imperfección.
 
Aflora en la piel de mis palabras
en el quehacer de mis manos
en los fantasmas
dueños de mis lágrimas
en la campana de mi risa
sobre el mármol de mi cautela
en el tuétano de mi miedo.
 
Explora el hilván de ideas que
sin conocer tregua
se balancea en mis lianas
fluorescentes.
 
Conoce la estrella que guía mi actuar
las verdades que flotan en pozas de llanto
en besos llamarada, en las frases francas
que cuentan mi historia.
 
Siente las ternuras que resguardo
celosa, con el afán de quien conoce
glorias escasas.
 
Nada está escrito sobre mi cara
entra en la selva que guardo adentro
sumérgete en las razones
y desazones y desiertos
que me empujan a escribir
a ser y hacer
a observar
o a cerrar los ojos.
 
Resbala por el tobogán esmeralda
que une mi cerebro de laberintos
con mi corazón  arco iris
siente su compás.
 
 No, no perfores mi semblante
no deslices, desde el pedestal
de tus argumentos
miradas sentencia sobre estos labios
ahí no estoy yo, realmente yo.
 
Mirar mi rostro de esa manera
colocar tus manos de otro mundo
sobre mi mejilla, como si te perteneciera
jamás te mostrará la ruta que conduce
al sagrario de mi cuerpo.
 
Si recorres la simpleza de mis superficies
así, a medias
si no sientes el río de mi canción
la corriente de sus aguas
sus arenas movedizas
 
perderás cada segundo
 
             de tu valioso tiempo.