Otro tipo de adiós

Esta mañana despedimos para siempre a un gran amigo. Después de dos años de ardua batalla contra un cáncer infame, con sabiduría y aceptación, abandonó la batalla.

Antes del universal desenlace, pidió que no usáramos luto, que vistiéramos colores luz. No quería una despedida con tragedia en los rostros.

La capilla estaba plena de flores de colores vivos, aves del paraíso, gerberas fucsia, fuego, escarlata, follajes verde esmeralda. El escenario tropical que rodeaba su ataúd estuvo ambientado durante toda la velación con música que él amaba. La gente que lo queremos, respetuosos de su petición, vestimos de blanco, crema, pastel. Lo acompañamos con sus colores luz.

En el cementerio lo despedimos con mensajes de gratitud por lo que dejó en nuestras vidas, por los años que nos acompañó. Y allí también con musiquita, un saxofón solemne endulzó el aire limpio de su última mañana. El último adiós lo sellamos con un sentido brindis.

Fue el homenaje fúnebre más hermoso jamás. 

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