Pienso en todo lo que mi abuela sabía hacer y que yo no aprendí.
Desplumar gallinas, bordar panalito, almidonar servilletas.
Guardar silencios precisos. Moldear flores de pastillaje.
Conocer a los otros hijos de él, respirar con serenidad. Acogerlos sin despecho.
Reconfigurar la balanza. Restaurarse la dignidad.
Hacer cortinas, coserlas a máquina. Conducir tractor.
Continuar sin quejarse. Silbar boleros.
Pienso en cómo mi abuela supo llenar la vida con luces cotidianas, tejer tricot, ignorar el obstáculo de los vacíos. Nombrar lo innombrable. Llamarlo distinto.
Pienso en aquello que de ella vi, supe, intuí. Pienso en todo lo que, aun no sé por qué, no aprendí.
Me encanta tu texto. Gracias por compartirlo.
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Gracias, Eduardo. Un abrazo.
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