Noción antes durmiente

He tirado la misma toalla muchas veces. Quedo empapada de falsas razones, muerta de frío, desnuda y triste.

Pero hoy me ha iluminado un misterio indescifrable, una noción antes durmiente.

No es cuestión de tirarla, es cuestión de secarme distinto. De arroparme yo misma, de no morir de frío en aguas ajenas.

Contundencia

Te soñaba. Habitabas sueños frecuentes, vívidos, multicolor. Rozaban esas noches cierta felicidad. Pero no eras tú. Soñaba con una versión tuya que el inconsciente tejió. Eras un invento onírico para recrear la historia. Una osadía.

Sin embargo, a paso de noches largas y de fantasías tejidas con el humo de una esperanza desvanecida, la caverna del cerebro que fabrica los sueños perdió el brío. Claudicó. Abrió los ojos. Con aplomo, se hizo dueña de la verdad.

Aceptó que no hay ilusión superior a la contundencia de la realidad y, con sutileza, nos enseñó de una vez por todas a despertar.

Grieta en el tiempo

Queda un espacio entre la noche y la madrugada 
como puente 
tiende sus manos a la una y a la otra.

Se llena, el pasaje atemporal
de fantasmas de recuerdos de tristezas
de canciones.

De deseo.  
 
Es una grieta, un portal
donde el tiempo se detiene
cientos de luces estallan dentro.

Lo muerto cobra vida
mientras sus manos 
de eternidad  
sostienen la efímera existencia.
 
Luego el silencio
luego el insomnio y la memoria.
La necia memoria que no deja de dar vueltas
a su carrusel de pérdidas.