Infamia

El día prometía algo parecido a la perfección. Ausencia de prisa y de presión,  tiempo manso. El sol impuso su dorada gallardía, el tráfico no deambulaba con violencia, el cuerpo disfrutó y agradeció una espléndida práctica de yoga.  Sí, un roce de perfección sin mayores ambiciones para llamarlo así.

Pero la mente presta en su rebeldía colocó la noticia en el centro, como si temiera que la olvidara, que no le diera la importancia merecida. Entonces se desató el desasosiego. 

Mujer joven y querida, mujer con una vida cuesta arriba recibe un golpe más. 

Y esta mujer (que soy) de la generación que debió mostrarle cómo andar el mundo para saber sobrevivirlo, esta tía que la quiere y adora, no sabe cómo sacudirle el dolor. No tengo palabras para darle aliento. La maldad que habita en este mundo se irguió sobre una mujer joven ingenua que lo único que desea es hacerse un sitio y en él, la posibilidad de ganarse la vida. Una estafa, un engaño inmenso, una afrenta hacia su natural buena disposición le rompieron un sueño más. 

El mercado laboral es muy competido y sumamente difícil, en nuestro país y en casi todos los países. Ciertamente, vivimos tiempos recios. La búsqueda en sí es ardua, pero cuando grupos inescrupulosos se aprovechan de la desesperación y la necesidad para beneficiarse a costa de honestos candidatos, esa búsqueda se convierte en pesadilla. Narrar detalles no viene a caso. Basta con el contexto general de un engaño, una plaza ficticia,  una empresa inexistente, una supuesta inversión por parte de la nueva colaboradora para contar con el equipo de informática necesario para desempeñarse en la supuesta nueva posición. Ahí los dos platos.

Me deshace y desasosiega lo que le sucedió. Construye un halo oscuro y siniestro alrededor de la vida, convierte nuestro mundo en un lugar de tenebrosa violencia. Me llena de impotencia e ira y al mismo tiempo de compasión.  

Sin duda el cariño que le tengo, sin duda verla crecer y buscar y luchar y desde luego la impotencia, me provocan este hondo desconsuelo. La impresión que causa en mi interior lo que acaba de vivir esta sobrina mía, desencaja y entristece a raudales. No hay derecho. Nadie merece ser engañado y abusado así. 

Un día que se perfilaba rozando la perfección se ve atravesado por una infamia. 

No puedo dejar de pensar en ella. 

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