No cerrés los ojos

No escuchés Mariage de amour 
así, hermoso
naciendo libre en el vientre madero
de un piano
mientras dos manos lo acarician
hasta hacerlo llorar.
 
Si la noche es oscura y gigante y cruelmente bella
gracias a la luna
no
no caigás en la trampa musical de Mariage de amour.
 
No la escuchés si te sentís inmensa
irremediable
tristemente solitaria
toda tú un acorde a destiempo.
 
No, no oigás un solo compás
si la bruma de la soledad sacude tu interior
desesperada
en busca de una ventana dentro de tu pecho
para huir rumbo a otras densidades.
 
No te enredés en sus hilos de escalas
ni en sus lingotes blancos y negros
si el libro que descansa en tu regazo
y bebés con la mirada húmeda
te habla de ese asunto extraño
al que llaman amor.
 
Y si su belleza te arrastra
y si su trino melancólico se vuelve parte de tu cuerpo
y si no es posible evitarla
escuchala
consciente de los estragos
sentimentales
que viajan en su pentagrama
para anidar en el lado oculto de tu corazón.
   
Si no hay remedio, escuchala
pero por favor
no importa cuánto te lo pida el sentimiento
o la oscuridad
o la memoria
por favor
si esta noche de belleza cruel
necesitás que Mariage de amour invada tus confines
no
no    cerrés     los     ojos.

Para pensar en morir

Casi 48 horas de arder en el infierno, veo formas con alas distorsionadas, a veces tienen rostro y cola, otras son solo pares de ojos que agreden desde mis neuronas,
miradas acusatorias que provocan dolor de alambre espigado.

Nace en un núcleo latente, un cráter de lava que arde en el hemisferio derecho de mi cerebro.

Ríos de sufrimiento negro, denso como petróleo
salen de ese centro hacia la trastienda de mis ojos, hacia mi nuca, se derrama por el brazo derecho, aniquila todos mis equilibrios.

Migraña le llaman, maleficio, titán, monstruo que invita al suicido.

Niña de mis mil historias




No te desvanezcas niña
no te asustes por los años
densos
que la vida coloca
uno a uno
sobre nuestro cuerpo

Son joyas y son piedras
los años

Solo es uno más
niña
el que en esta noche de silencio
te ha cubierto con escamas de tiempo

Un año más que trazó
líneas nuevas sobre la piel
dentro del centro secreto
en medio de los recuerdos

Pero no desvanece los tuyos
ni borra la imagen sepia de tu cuerpo pequeño
ni debilita las flores de tu imaginación

Tampoco cubre
con desencantos o con niebla
niña de sonrisa eterna
tus deseos multicolor

No te des por vencida
pequeña
tú que custodias mi historia primera
niña de ímpetu y salvaje ingenio
niña de los mil planes
no te dejes apagar
por el hierro de los cambios

Niña que soñabas con alas gigantes
no dejes de hacerlo
no abandones
jamás
tu fantasía salvadora
en las garras del olvido

Niña que sobreviviste un naufragio de mar
dos naufragios en el cuerpo
tantos otros en las cavernas del silencio
niña sobreviviente

No olvides cómo vivir
a buen resguardo
dentro de mi cuerpo
en el corazón craquelado
de mis inagotables pensamientos
no te pierdas en el laberinto
de las largas décadas que soy

No dejes que tu infancia
de mil historias
deambule
resignada
hacia el témpano de la muerte

Niña que volabas por las noches
niña que bailabas sobre espuma
niña que sabías encontrar
magia y música
en el placer de jugar

No mueras bajo el peso de la vida
no te evapores en el sinsentido
inútil
del desencuentro
no fallezcas
en la sombre de la indiferencia

No los veas
no los sientas
sé por siempre,
y para siempre 
la niña alegre
de mis mil historias

No me mires así

No te quedes viéndome así

no resbales tus ojos sobre mi cara

de esa forma desafiante

y misericordiosa a la vez.

Mi rostro es un minúsculo islote

una posdata

el párrafo de un prólogo pequeño

apenas un principio

o acaso el final.

Ahí no encontrarás lo que define

el manantial de mi verdad

no son mis facciones

la tierra donde nacen mis raíces .

Son solo dos cejas arañadas por el tiempo

una nariz que sabe de accidentes

huesos rotos

atornillados

huesos que

ingenuos

aún sostienen mi faz.

Este rostro de mujer curiosa

es un simple contador del tiempo

pecas nuevas con cada luna

rayas de años que trazan

con sinuosa geometría

abstractos verticales y horizontales

al azar.

No dejes perdido tu tiempo sobre mi rostro

atropellado por el desconcierto

es tan solo una imagen que la vida erosiona.

Pon atención a lo que llevo dentro

es muy fácil encontrarlo 

habita cada recoveco de mi humana imperfección.

Aflora en la piel de mis palabras

en el quehacer de mis manos

en los cristales de mis lágrimas

en la campana de mi risa

en la prudencia de mi silencio

en el abismo de mis miedos.

Explora el hilván de ideas que

sin tregua

se balancea en las lianas de mis selváticas neuronas.

Conoce las razones que conducen mi actuar

los recuerdos que flotan sobre pocitas de tertulia

de llantos recientes y antiguos

de besos llamarada

de abrazos entretejidos en frases

simples y claras

que cuentan mi historia.

Siente las ternuras de indispensable suavidad

que resguardo

celosa

con el afán de quien conoce lo escaso y fundamental.

Nada de esto está escrito sobre mi cara

cansada.

Entra en la selva florida que guardo adentro

explora

con curioso detenimiento

las razones y desazones que me empujan a escribir

a ser y hacer

a observar

o a cerrar los ojos.

Resbala por el tobogán esmeralda

que une mi cerebro de selva petenera

con el corazón arco iris que me conserva viva

siente su compás.

No, no te quedes viendo mi cara

tantas veces ignorada,

no deslices miradas inútiles sobre estos labios míos

cada vez más enjutos

ahí no estoy yo

realmente yo.

Verme así

andar a medias la simpleza de mis superficies

y nada más

es pura pérdida de tiempo.

No cruces esa línea

Pones en duda la calidad de mis recuerdos.

Cuestionas la secuencia de escenas, exactas, que de aquella tarde oscura guardo en alguna porción de mi sólida masa encefálica.

Dices que los años difuminan los hechos reales, que insertan en sus vacíos imágenes nacidas en el seno de mis atormentadas emociones.

Sugieres que a lo mejor no fue tan largo, tan profundo, tan oscuro.

Sonríes condescendiente y  luego sueltas a mi rostro, con movimiento de látigo, una cadena de razones con profesionalismo psicológico para explicar el omnipresente dolor, para argumentar su inconveniencia, para asegurar que no sirve de nada, el único argumento en el que te doy la razón.

Peligrosamente, fríamente, con arrogancia, colocas en tela de juicio la verdad que desde niña me acompaña.

Cómo te atreves…

Flamenco para atizar el fuego

De acuerdo. Hay  en esta locura por el flamenco, en este ejercicio a destiempo, una pincelada de absurdo. Pero es más denso el brochazo que pinta el gozo de bailarlo. 

Aquella facilidad adolescente para memorizar pasos, la coquetería que brotaba de un cuerpo recién evolucionado,  mi joven y despreocupada energía, son todas hoy piezas de museo. Pero insisto.

Es la vida y su forma de azotar la que empuja a que lo intentemos de nuevo. Volvemos porque buscamos cuerpo adentro aquel fueguito atizado por la juventud. Y es que el flamenco es un frasco que resguarda diversas fragancias. Es disciplina, reto, pasión, movimiento, complicidad…es un nudo de buenos recuerdos, fueguito incluido.

Aunque el paso se dificulte y la pericia se afloje, la sensación de estar plenamente viva durante trozos de tiempo medidos en compases, vale cualquier atisbo de absurdo. 

Bailar flamenco es un ejercicio que aporta sal, pimienta y un no sé qué a esta escurridiza existencia. Hoy que se celebra el Día Internacional del Flamenco, hoy que estoy aquí viendo cómo se termina otra semana, escuchando música y  el viento de noviembre, agradezco al desparpajo atrevido de mi edad por  permitirle todavía al cuerpo girar y zapatear, aunque ya no se asome vestigio alguno  de aquellos movimientos de antaño. Olé y olé.

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