Ella siempre ríe

Visitarla calibra las brújulas interiores. Su envidiable júbilo parece inmune a los estragos que la enfermedad deja a su paso. Pronto cumplirá 50, enfermó a los 17.

Y no sé, quizás lo he olvidado pero no recuerdo haberla escuchado quejándose.

Mi hermana lo ignora, pero esta tarde, con esa manera de convertirse en risa, puso orden en mi muy quejica estado de ánimo.

Faro

Es curioso cuán iluminadoras resultan las más oscuras noches. Misteriosamente, sus tinieblas alimentan el entendimiento. Empujan, muestran verdades que evitamos ver.

Las horas nocturnas agudizan la mente.

La pena, tal parece, en breves instantes posee el inmenso poder de alumbrar.

Puras palabras

Tras una vida de incesante intento
después de días y noches
y meses

y años, tantos años
de escribir
en silencio, en tinieblas
en medio de todos los fuegos

de escribir y escribir
para aprender a escribir

después de tanta jornada
en tinta o pantalla
de mis heridas manan puras palabras.

Mi mente sin voz
es una llaga
por siempre abierta
por siempre húmeda

Mi sangre,
un violento afluente de lenguaje
en busca de respuestas.

Las quimeras que encienden
las mejores luces
también guardan abecedarios

en la incandescencia
de su entraña
se gestan los versos esperanzados.

La imaginación como asidero

La imaginación ha sido fundamental para llegar a términos con la condición irreversible de su ausencia. Imagino, por ejemplo, que no sufrió, que no la vio llegar, que la muerte se le metió en el cuerpo sin romperlo.

Imagino que no fue imprudencia, que llevábamos suficientes salvavidas en la lancha, que desconocíamos los desaciertos del motor.

Imagino que la oscuridad y la violencia del mar fueron infinitos, poderosos, superiores a la fragilidad humana. Nada podíamos hacer.

A veces, la imaginación es inocente, colosal. Confía en su regreso o en algún reencuentro maravilloso. Se deja llevar por la fantasía.

Otras es ácida, permite que amargos pensamientos se filtren cuando la serenidad se hace precaria. En esas ocasiones hace mucho daño.

En todo caso, el mejor regalo que otorga la imaginación es hacer mancuerna con la memoria. Juntas, empujadas por un amor que no sabe morir, lo mantienen cercano, habitante de una dimensión atemporal, en un espacio difícil de comprender.

La imaginación me mantiene a flote, da vida a mi padre en misteriosos planos. Por eso la cuido con esmero.