El lenguaje siempre presente

No hay aislamiento que nos libre del lenguaje.
 
Aunque las palabras suban y bajen en monólogos del interior,
en pequeño juego solitario
siempre están presentes.
 
Aunque no rompan el aire con ráfagas de sonido,
aunque no venzan al hielo del silencio con hilos de voz,
las palabras brotan, sin cesar,
en las pozas incansables del entendimiento.
 
Lo que me digo, por lo que no dicen,
destruye mis referencias,
y esa certidumbre representa un peligro más.