Nido vacío

Se hicieron vastos los sitios que ocuparon mis hijos antes de hacerse hombres, mi tiempo que era suyo quedó al amparo de un nuevo silencio, mis manos, desconcertadas.

Con suave cadencia fui poblando sus vacantes con libros, más libros. Otros libros.

A paso de caracol me he construido una aldea de historias, de veredas con personajes entrañables.

Lugares de cristal y luz asoman en páginas diversas, como si el papel fuera una ventana que no sabe cerrarse.

Relojes de todos los tiempos hablan los lenguajes antiguos. Predicen cómo se abrirán las puertas nuevas a un mundo anciano.

Las palabras me sostienen.

Mi nido vacío se convirtió en maestro de la resiliencia.

Mi nido vacío es hoy una caótica, luminosa y redentora biblioteca.

Un lugar en donde mis hijos hombres vuelven vida atrás y renacen hijos niños de nuevo.

No se enteran. Su visita atemporal es el regalo que leer coloca en el centro de la imaginación.

Mi nido vacío es hoy una poderosa biblioteca.