Fuegos del miedo

Perdemos en los fuegos del miedo ideas y palabras. Antes de florecer, nuevas posibilidades de pensamiento sucumben en las llamas del temido juicio.

Aprendemos de los enseñantes el hábito del no cuestionamiento. Este engendra el de la no opinión. Ni hablar entonces de ejercitar la indispensable destreza de evolucionar.

En cánones geométricos la desobediencia se fusiona con peligros y tragedias. Escudriñar preceptos cuando hacen ruido en el pensamiento o provocan desasosiego en los rincones del alma, no es elegante, nos dicen. Es temerario, advierten.

El buen camino es un silencio autómata y constante. Le llaman la virtud de la discreción sin darse cuenta de que esa carencia de movimiento construye ignorancia crónica. Peor aun, indiferencia.

La verdadera discreción es otra. Es proteger al prójimo del veneno del chisme. Es cultivar la confianza, guardar penas y dolores. De nuevo, es cuestionar, cuestionar profundamente la difamación.

Ve a ver quién lo explica. Es una simple y sólida diferencia pero ¿qué creen? ya me mandaron a callar.

Otto René en Manhattan

Paseábamos por las calles de NY con la despreocupación que otorgan las tardes sin prisa. Mi hijo ya trabajaba en aquella ciudad. Corría el año 2017.

Sin mucha advertencia le cayó de visita la estampida de mujeres en la que solemos convertirnos mi mamá y sus hijas cuando viajamos juntas.

En una callecita sin fama ni bullicio lo encontré.

¡Mireeeen! grité frente al escaparate/vitrina/ventana de un teatro.

Una gigante y hermosa fotografía de Otto René saludaba desde el vestíbulo, a su lado un poema suyo traducido al inglés.

Con emoción demencial traté de abrir la puerta, desafortunadamente el local estaba cerrado. Logré tomar estas malas fotografías, hice nota mental de indagar qué era aquel sitio y por qué está (o estaba) en Manhattan. Se trata del “Castillo Theatre”.

Con mucha facilidad encontré qué es y cuál es su propósito.

Para hacer corta la historia, rescato y comparto lo fundamental. Se trata de un teatro que pone en escena el universo del teatro político.

Literalmente reza:

“opens up the world of cutting-edge political theatre…”

Y hay más. Existe un premio:

Otto René Castillo Awards for Political Theatre

Imaginen la emoción, estoy segura de que la comparten.

Palabras

Las palabras sí pueden procurar alivio. No las que te dicen, esas suelen irritar, si el dolor es oscuro, a veces lo ensombrecen aún más.

Son las otras palabras las dueñas del poder. Las que lees en buenos libros. Las que aprendes a navegar en varias direcciones.

Las que escribes cuando ansías poner orden en el caos de la pena. Las que, sin piedad, iracundas, lanzas al papel para exorcizar venenos, duelos y otros infortunios.

Las que muestran el rostro bello de la ternura.

Y en los escasos, mejores momentos, las palabras que te cuentan cuánta gracia alberga el amor.

En silenciosa felicidad

Eventos mágicos, tan inefables, tan perfectos, que evitamos hablar de ellos para protegerlos de ajenas distorsiones.

Los conservamos íntimos, secretos, envolvemos su belleza en silencios de felicidad.

Nos gobierna el afán de resguardar su integridad, de perpetuar cada uno de sus instantes, cada umbral, toda su luz.

Soñamos con preservar intacta la versión de quien fuimos al vivirlo, reconocemos con asombro quien somos por haberlo vivido. Deseamos permanecer en ese particular estado de gracia.

El temor de extraviar el poder redentor de su recuerdo camina bravo las rutas del entendimiento, y no, una pérdida de tal naturaleza no es posible aceptarla. Por eso no lo soltamos a un mundo capaz de trastocarlo.