Invisible

El desconcierto de saberte invisible, la costumbre de saberte invisible.

La resignación a ser invisible, para no romperte, noche tras noche.

Preguntas sin posibilidad de respuesta.

¿Cuándo dejé de existir? ¿Antes o después de que se elevara el muro de indiferencia?

¿Habrá sido cuándo la juventud abandonó las formas del cuerpo, cuándo se apagó el brillo de la piel?

¿Cómo sucedió? ¿De un día a otro? ¿A paso de silencio? ¿A paso de rutina?

Invisible, inaudible, inexistente.

Mujer que dejó de ser.

Su silencio

Hay en el corazón lugares que se ocultan hasta de sí mismos.

Temen, los sitios oscuros del corazón, la tormenta del llanto.

Temen la catástrofe del dolor, la pena del vacío, temen al miedo mismo.

Por eso su silencio.

Noviembre recio

Llega recio noviembre. Con ruido, entra al epílogo de un año innombrable.

Trae viento, trae frío y una tormenta tomada de la mano.

Celebra su entrada con violencia, como si necesitáramos más angustia.

Para disimular, de repente dibuja un par de celajes. Hermosos. Gélidos.

Tal parece que al tercer día también Noviembre ha encontrado las raíces del miedo.

De muerte

Que llegue su aroma en la ventisca de noviembre, su voz, como eco de los tiempos vivos, que el tatuaje de su historia se imprima de nuevo en la tuya.

Deseo que hoy sientas en la piel la vida de tus muertos, que su presencia sea luminosa, sonora, táctil, que borre la distancia.

Que la muerte, hoy celebrada, se desentienda de su afán cotidiano, que se emborrache y olvide su condición difunta.

Que en su día los muertos vivan.