Cien años

De Bukowski aprendí que en la poesía hay espacio para todo, que las palabras colocadas con sagacidad aquí y allá son siempre un homenaje a la belleza, una provocación.

Con ese ritmo suyo, preciso y precioso, en una página cuenta lo que hombre y mujer se hacen en el ritual de una ducha compartida después de un viaje al amor.

En la siguiente, un ruiseñor persigue a un gato durante todo un verano hasta enredar sus alas en las fauces felinas.

Hoy cumpliría 100 años.

Bukowski por siempre.

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