Fantasmas de humo

  El hombre de enfrente fuma 
despacio
como si buscara vida
en su ritual de boca y aire.
 
Su ceño
fruncido
cuestiona a los fantasmas de humo
que salen por sus labios.
 
Él fuma,
yo leo,
desde la otra orilla.
Mi ceño
fruncido
también cuestiona fantasmas.
 
Cada mañana,
el hombre de enfrente,
solitario,
en silencio con sus fantasmas. 
 
Cada mañana,
la mujer del otro lado,
solitaria,
en silencio con sus fantasmas.