Antes de ser domesticada

 
Hubo un tiempo de color y azúcar
días de infancia en los que
mi imaginación de caleidoscopio
aun no había sido domesticada
 
Habitaba espacios fantásticos en donde era capaz de volar
la libertad  flotaba en las burbujas de mi aire
en las de mi estómago niño
 
Tenía seis años
un cerebro fabricante de aventuras
y dos ojos que veían sueños
en las nubes  

Con toda la certeza de mis poderes imaginarios
de niña que crea mundos mágicos
emprendí mi vuelo
   
Ese día supe que hay un sitio blanco
frío, llamado sala de emergencias  
y un asunto como espacial
que emite rayos X  y toma fotos
extraterrestres
dentro del cuerpo
 
Pero no hubo mayor daño
apenas estragos físicos
un poco de dolor
otro tanto de sangre
   
Mi imaginación permaneció intacta porque
aunque fueron pocos segundos
toqué ese cielo que solo los niños conocen
sí, volé alto, muy alto
durante siglos instantes
 
Lo sentí en aquel centro mágico
que brillaba en mi cabeza
antes de que  llegaran
inevitables
los tiempos de domesticación.


 
 

Mi propia ausencia

Esta sensación de ser invisible, esta forma de ya no estar, este insomnio que se expande por tanto debatir mi propia ausencia, esta novedad obtusa de ya no encontrarme ni en los libros duende, de no sentir el abrazo del poema infalible. Este dolor de ya no saber cómo perder el desasosiego en la armonía de una canción.

Noches sin dormir… han vuelto.


	

A propósito de mi arco iris

homoromantic__1__by_pride_flags-da0ebga_1024x1024

Los temas que por importantes levantan polvaredas de controversia, provocan actitudes curiosas, es tan interesante.

Si escribís acerca de ellos, corrés un telón inmenso y pesado. Detrás de su silencio conveniente, de su carácter invisible, descubrís intenciones tibias, ojos estupefactos, cabezas que aprueban o raíces kilométricas de la más prejuiciosa tradición. Totalmente válido, cada individuo es un mundo.

Usar tu voz de tinta para desmadejar causas, señalar miedos y cuestionar el estatus quo, es como ir al supermercado en la peor de tus pijamas.En pantuflas rotas y el pelo en franco desencuentro. Te bañan las miradas, luminosas o tenebrosas o sorprendidas. De veneno, incluso. Dedos indignados te señalan.

Algunos se burlan, muchos te abrazan.

Y como salí al mundo de los diarios en pijama, he recibido humos de muchos colores. Me han lanzado desde piñas hasta besos. Efusivos.

He visto dedos puntiagudos y me han abrazado con afecto genuino.

Me encantan quienes no levantan nada, ni dedos ni besos ni espinas. No ven mi pijama, o no les importa. O les importa y generan una conversación inteligente, aunque no siempre estén de acuerdo.

Son los que comprenden de qué va la necesidad de expresión, y la inalienable libertad de hacerlo.

https://elperiodico.com.gt/opinion/2019/05/20/la-cantina-el-principio-del-arco-iris/

No te lloro

Te mentiría si dijera que amanecí llorando por ti. Cuarenta y un años han formado un terreno tan grande, tan variado, que todos los accidentes emocionales de mi geografía lo completan y transforman a paso de tiempos, con el giro de los acontecimientos. Existen en su superficie cronológica frondosos setos, verdes setos, que regados por tanta lágrima vertida en tu honor, contienen una humedad permanente que mantiene vivo tu recuerdo. También están los vallecitos felices en donde asoman flores de nostalgia por los momentos que te has perdido, porque, hagamos lo que hagamos, simplemente ya no estás. Esas flores son tu ausencia, o si querés verlo de otra forma, son la presencia de tu memoria. En cualquier caso, son felicidades que la vida regala a quienes quedamos a pesar de quienes nos dejaron.  Una vida generosa.

Porque verás, padre, a estas alturas, soy casi veinte años mayor de lo que eras tú cuando dejaste de respirar. Puedo contarte una o dos cosas que la experiencia ha construido en mi interior. Te asombraría lo que es el mundo hoy día. Serías tan feliz al ver cómo crecieron tus nietos. Cada uno es un universo individual, todos son fuerzas distintas de la naturaleza. Y tus hijas, padre, ¿qué opinarías al verlas? mujeres más maduras que ingenuas, más viejas que jóvenes, con mentes de huracán y azúcar. Una de ellas fragmentada.

Ya no es llanto lo que provocás. Lo mío por ti es una nostalgia larga, fluida, cristalina. Una pena mansa cuando me doy cuenta del movimiento sano de mis días, y, cuando me crecen los huracanes, una pena en furia porque tu muerte fue una tristeza a total destiempo, porque has hecho falta, porque no tengo tu piel de padre para descansar en ella. Pero hoy no, hoy no te lloro, hoy te recuerdo, como se recuerdan los mejores momentos, las presencias indispensables, como se recuerdan las felicidades profundas.

Sueño

Sueño con el día en que esta estampa, tan común en mi ciudad, sea vieja leyenda, que corran tiempos distintos para el talento de este muchacho.

El escenario de sus malabares será un teatro, con telón y luces y una orquesta magnífica acompañando su acto. Su dinero no dependerá de limosnas arbitrarias. Será digno, un sueldo merecido porque la taquilla que pagaremos por  disfrutar  su espectáculo será abundante. Conocerá la gloria de los aplausos que un público satisfecho le dará con gusto. Lo suyo será una carrera, un oficio. Un empresario creerá en él y su habilidad.

Tendrá un hogar y comida sobre su mesa. Podrá dormir, sus preocupaciones cotidianas no serán angustias de sobre vivencia. Buscará nuevos actos, aprender para renovar su arte. Participará  en el trajín de una ciudadanía que produce y crece. Así soñamos muchos, con ambiciosa fantasía.

Ojalá los dones y doñas de las pancartitas lo sepan y compartan y comprendan que, o las cosas las hacemos de otra manera, o todas nuestras esquinas serán tristes circos sin sueldo ni aplausos ni futuro. 

No cerrés los ojos

No escuchés Mariage de amour 
así, hermoso
naciendo libre en el vientre madero
de un piano
mientras dos manos lo acarician
hasta hacerlo llorar.
 
Si la noche es oscura y gigante y cruelmente bella
gracias a la luna
no
no caigás en la trampa musical de Mariage de amour.
 
No la escuchés si te sentís inmensa
irremediable
tristemente solitaria
toda tú un acorde a destiempo.
 
No, no oigás un solo compás
si la bruma de la soledad sacude tu interior
desesperada
en busca de una ventana dentro de tu pecho
para huir rumbo a otras densidades.
 
No te enredés en sus hilos de escalas
ni en sus lingotes blancos y negros
si el libro que descansa en tu regazo
y bebés con la mirada húmeda
te habla de ese asunto extraño
al que llaman amor.
 
Y si su belleza te arrastra
y si su trino melancólico se vuelve parte de tu cuerpo
y si no es posible evitarla
escuchala
consciente de los estragos
sentimentales
que viajan en su pentagrama
para anidar en el lado oculto de tu corazón.
   
Si no hay remedio, escuchala
pero por favor
no importa cuánto te lo pida el sentimiento
o la oscuridad
o la memoria
por favor
si esta noche de belleza cruel
necesitás que Mariage de amour invada tus confines
no
no    cerrés     los     ojos.