Una visita mediana

Una visita mediana bastaría para sostener la conversación que no llegó a completar nuestro aire. Padre entrado en madureces hablaría con hija adulta ahogada en dudas. Desnudaríamos el corazón para convertir en palabra lo que guardamos dentro, juntos descifraríamos el misterio. Nuestro tono sería el que  hablan los de la misma sangre. Me gusta pensar que me escucharías como nadie, que te encontrarías en mis argumentos o ubicarías mis desvaríos.
Llevo años en la búsqueda, pero verás, solita, algunos asuntos se tornan difíciles. A veces también se trata de la ausencia de tu hombro. Ha faltado tanto. La solidez de tu consuelo, algún consejo. El amoroso pañuelo de tu silencio dando cancha al escándalo de mi llanto, la algarabía de tu alegría para multiplicar la mía.
No viste cómo crecí para convertirme en mujer de medio siglo, en mujer de exceso en curiosidad y sentimentalismo. No te vi envejecer ni llenarte de sabiduría. No hubo complicidad de adultos, tampoco consuelo paterno en noches de cristales rotos.
Ya lo sabés, el accidente, la noche, el mar, la muerte. Por eso te pido una visita mediana, ¿Qué decís?

                                               

Manantial volcán

Así es 


No siempre soy apacible
manantial-dulzura 
serena o simple 

Ser complicada
volcán en furia 
incandescente  
feroz en argumentos de lava 
es parte de mi experiencia femenina
Movimientos se desatan 
-incontenibles- 
en mi plexo solar 
si choco contra muros de injusticia 
o cuando mi verdad es amordazada 
Verás 
antes me apagaba a toda costa
en silencio 
estallaba cuerpo adentro 
mi interior ardía devorado por llamas invisibles
completo
ignoraba las quemaduras 
ocultaba tantas llagas
a costa de dolor enmudecido
Pero olvidé cómo se practica el rito de la inmolación
no sé porqué 
a lo mejor me lo gasté 
en estado de  cansada inconsciencia 
por los muchos muros y todas las mordazas que 
sin mayor tregua
cruzaron los caminos de mis días
Quizás fueron los años quienes me llamaron al orden
acaso fue producto de evolución para sobrevivir
Y si no eres capaz de encontrar luz en la voracidad 
de mis fuegos ocasionales
tampoco sabrás cómo nadar con gozo 
en la miel de mi manantial

Dos devociones

Profeso dos devociones en absoluta supremacía
contundentemente
dos
ambas quitasueño
ambas quitapenas
Paradojas encontramos
incluso
en aquello que más amamos.
Devota con cada una de las gotas de sangre
que me caminan las venas
devota hasta la última consecuencia
devota de mis hijos
Devota hasta gastarme las retinas
en luces o en penumbras
devota en cada aliento de mi apresurada vida
devota de los libros.
Dos pasiones
tan dispares
no han de compararse
¿Cómo explicarme?
no vivo sin ellos
si vivo por ellos
tampoco soy sin los otros
Miradas y risas
rebeldías de hombres niños
abrazos irrepetibles
amores de la entraña
Historias y palabras
escándalos innombrables
prodigios en papel y tinta
amores de la mente
Dos devociones me quitan el sueño
Dos devociones me quitan las penas
voces y palabras
pasiones ambas

Luces de ciudad

Una ciudad se enciende
poco a poco
tras la ventana 
mujer apagada en mi afonía
la veo prender 
mi ciudad colocada en el valle
horizontal en su historia
vertical en sus contrastes
habita mi cuerpo en urbana iluminación 
Adivinadora de mi silencio                                                      
la última franja de azul tarde 
atraviesa mis labios
luego la noche 

Hay recuerdos

Hay recuerdos que llenan la mente de bengalas 
de luces que nacieron en tus ojos 
en tus manos de promesa pura
en la esperanza de un futuro que hoy es pasado.
Hay recuerdos que te hacen regresar por aquel camino de flores lila 
de setos esmeralda encendidos al sol 
de aves a colores que hablaban con voz humana.
Hay recuerdos que suben y bajan 
que flotan como nubes en aquella calle  pequeña de grandes secretos
que te vulneran y te fortalecen 
que te hacen llorar y enjugan los llantos con carcajadas 
que secan lágrimas con la solidez de los abrazos.
Hay recuerdos que te enfrentan a tus mejores fantasmas 
que enredan aquellos tus dedos con anillo de quinceañera 
en la mano fuerte y segura de alguien que ya no está.
Hay recuerdos que susurran en tu oído con palabras musicales
do mayor sostenido
que ese alguien y esa mano no se fueron 
del todo.

Y sonríes tres veces.
Hay recuerdos que traen humedales de chubascos que nacieron y murieron en un trópico 
caliente 
al que jamás regresaste 
y cierras los ojos para verte allá 
niña y empapada y feliz.
Están también los recuerdos que te llevan a otros humedales 
a tu manantial de labios y lengua en sus labios y en su lengua
a bocas jóvenes de rojo fresa  
y promesas imposibles. 
Son recuerdos que gritan con voces de silencio asfixiante 
que albergaste en el cuerpo un paraíso 
que bebiste aguas de cristal 
inolvidables  
que en líquidos así te empapaste nunca más.
Hay recuerdos que se burlan de tus ojos 
agobiados 
cuando buscan respuestas en los tiempos de antes 
sin encontrar la llave que los guarda

Ríen tus recuerdos al saber que 
después de todos estos años
de todas las distancias 
de cada pérdida
aún no sacias del todo la sed.
Y hay recuerdos recién nacidos
tu imagen de anoche en el espejo
los pliegues cansados en tu piel de medio siglo
tu mirada serena sostenida por certezas y silencios
milagros múltiples que engrandecen tu mente. 
Cien curiosidades nuevas surgen
lava ardiente de tus volcanes interiores  
fuego que inspira la creación de recuerdos que aún no son
un deseo inmenso de más vida permanece
pendiente de construir reinos imposibles
para después poder recordar.

Lluvia, ciudad dolida

La lluvia 
feroz y apurada
derrumba a golpes la paz de mi sueño
Esta noche de oscuridad
no entiendo el idioma vertical con que azota 
cada una de las tejas
En violencia líquida caen palabras
tantas palabras
incomprensibles
Acaso se debe al dolor que vi en la esquina
viva en el olvido
de mi ciudad dolida