Con palabras de agua

Escribo triste porque mi geografía subterránea
lleva mares de tristeza líquida
pero no todo es triste
solo mis mares interiores 
que son más de siete


solo en mis más de siete mares
flotan  las palabras
necesitadas de trazos y ecos
las que piden  ser contadas

son mis palabras urgidas
mi mapamundi alberga a las demás palabras
habitan los otros accidentes
crecen en montañas y cuevas
van a prisa sobre carreteras de concreto gris
juegan en el silencio del viento
detrás de la sombra del árbol
son mis palabras anónimas
descansan al sol en los prados

de mis paisajes mejores

se confunden con flores 
y ardillas y canastas
de picnic con pastel de ciruela

no quieren ser perturbadas


floto en los tristes accidentes
que son más de siete
 y mi cuerpo se moja con
 palabras de agua




Aguardan

Las banalidades se escriben como ritual de distracción. Son antifaces de colores que solapan al andamiaje de la  tan  vulnerable intimidad. Parecen sábanas que cubren la historia secreta del sofá dejado atrás en la soledad de una sala abandonada. Palabras que flotan en la superficie. Argucias para no encarar  el agobio de lo fundamental. 

La sala fue cerrada con candado, las ventanas selladas con tablas. Dentro de su noche de ataúd aguardan las palabras esenciales.

En el brocado de sus cojines los desencuentros bordaron palabras que amenazan. En el respaldo reposan tragedias personales y milagros livianos. Debajo del faldón se agazapan la muerte y los muertos. Y el amor. En  sus costuras se ocultan palabras que sangran y palabras que curan y palabras que suplican. Besos y despedidas. 

La clausura no será eterna. Hasta la trivialidad más ingeniosa cansa. 

Como fantasma que cruza para siempre el umbral,  la sábana amarillenta caerá sobre la podredumbre del piso.  Y libres volarán las palabras.  Saldrán por rendijas ocultas,  golpearán la puerta y morderán las tablas de las ventanas. Contarán lo callado.  Las historias que ocupan el andamio verán al mundo. Y serán leídas a contenido completo. Al fin.

Prisionera en la cadena que me rodea el cuello,  la llave descansa sobre mi pecho.  Espera la señal.  Volará rumbo a su cerradura y danzará girando su cabeza de trébol en el picaporte del espacio prohibido. Empujará partículas luminosas dentro de las tinieblas. Entrarán como diluvio de estrellas fugaces.

Las palabras y los párrafos con sus reclamos rencorosos, con sus declaraciones amorosas, con peso de plomo, con vulnerabilidad de cristal, se alinearán para escribirse en la  perpetuidad de un pergamino milenario.

La gran verdad aflorará al romperse el ritual. Aún no es momento. La palabra esencial espera a que ocurra el eclipse. 

Mientras tanto, la banalidad.