Pecado verde

No, yo no estoy en el cuadro de honor de los centinelas del español. Mi teclado pequeño solo tiene la puerta trasera de la pregunta. Tampoco abre el umbral de la exclamación. El muy gringo no me permite honrar a mi idioma de porcelana ibérica. No supero tal vergüenza. 

Me redimo en la computadora. Ella sí sabe de puertas y demás símbolos castellanos. Para mi mala suerte,  el whatsapp no se deja utilizar en el ordenador, y esa red verde blanca que me acerca a mis amigas imprescindibles, me obliga a pecar. 

De porcelana

Ovación de pie  y estrellita en la frente para todos los sensatos humanos que honran a nuestra vulnerada lengua española. Aplausos para esa manada en vías de extinción que, aunque se trate de un mensaje en whatsapp con urgencia de semáforo,  le dan su espacio a cada tilde y el  señorío que corresponde, cuando corresponde,  a las mayúsculas.  Son mentes conscientes que no usan sustituciones marcianas. No abrevian con urgencia adolescente. Tienen a bien usar signos de exclamación y de interrogación antes y después. Porque aunque se nos olvida, no somos gringos. 


El  español es un caballero que abre la puerta a las preguntas con un signo, y la cierra con otro. Lo mismo hace aunque le estén exclamando. 


Nuestro idioma es un viejo hidalgo, su elegancia es de porcelana. Y por tristes prisas, muchas piezas se le rompen una y otra vez en el vaivén cibernético. Tanto, que corren peligro en manos de quienes olvidaron su forma original. También se esfuman con hechizo de ilusionista en deditos nativos digitales que no se acuerdan de algo que nunca vieron.