Eso es

Ver una fotografía antigua que día y noche custodia mi santuario. Encontrar siempre los mismos ojos de niño, negros, sonrientes y peludos. Descubrir los listones invisibles, los que atravesaron al tiempo y a la muerte. Hallar del otro lado de cada lazo los otros ojos oscuros y sonrientes y peludos, los de mi hijo y mi sobrino y mi otro sobrino. Ver que el pequeño de la vieja foto de alguna manera aún vive. Eso es a lo que llamo poesía.