Afecto por bandera

¿Cómo así? ¿Es mal visto? ¿Inapropiado? No me vengas con estrecheces. A estas alturas de mi partido he ampliado al infinito mi cancha en cuestiones del cariño. Si necesito abrazar, lo hago. Y abrazo bien, con fuerza doy el corazón. Es simple. Le digo a la gente que la quise y que la quiero. No hay conejos escondidos ni intenciones turbias. Es puro sentir. Diáfano, sin agenda. Nada de pretensión, solo necesidad de dar y gozo por recibir.
Los abrazos ahogados y las palabras abortadas agonizan en la soledad. La vida es breve y la emoción infinita. Caminaría mejor nuestro mundo si lo transitáramos con el afecto por bandera. Con besos.

Derriba el muro, esa reserva que llevas como escudo es inútil prudencia, pone distancia fría entre seres humanos. Solo hazlo y ya no te hagas de bolas.

DESPEDIDA DE PAPEL

Es un momento en el que mil luciérnagas me atraviesan el cuerpo de pura emoción. A veces ataca la taquicardia, otras provoca un estado de pura contemplación. Esta gracia que me da la última página de un libro maravilloso, es un explosión de breve y sublime felicidad. También de nostalgia, de despedida.

Cada historia simple o grande, narrada con honores literarios, es una certeza de que vale la pena vivir. Vivir para leer.


Cierro un libro, abro el próximo, ansiosa de volver al éxtasis de las letras. Un regalo de gozo puro.



JACINTA

Me hace falta esa forma resbalada con la que conciliaba el sueño cuando era niñita. Hubo una época en la que lo último que veía en la tele era Jacinta Pichimagüida. Luego me iba a la cama. Si soñaba era en cantadito argentino, sueños de niña. No contaminaba mi almohada con pendientes irresueltos ni penas.


Descansaba mucho, dormía delicioso. Despertaba feliz. Lástima que ya no dan mi serie infantil argentina. Qué pena que los asuntos complicados de la vida también se contagiaron de globalización.

 

A TI, QUE TANTO NECESITAS

Veo tus ojos tristes, escucho lo que estás sintiendo. Para evaporar ese dolor tuyo desearía ser algo más que una simple mujer. Si tan solo pudiera…

Sería un sol para calentar el frío que te ha azotado, para iluminar la oscuridad que te agobia, para darte el gozo de un amanecer nuevo.
Sería una esponja suave que con cariño absorbe tu llanto triste. Enjugaría cada lágrima despacito, con una caricia. Con roces de miel te diría que todo va estar bien, que el amor te rodea y el amor salva.
Sería un canasto de eternas profundidades, para que deposites en mí todo el peso de tu pena. Lo escondería en un abismo profundo y lejano, y a paso de tiempo moriría bajo el yugo del olvido.

Quisiera ser el diccionario más poderoso de la historia. Usaría mi voz para ofrecerte palabras mágicas, expresiones con el poder de tranquilizar a tu ánimo abatido y evaporar tu angustia gris.

Pero solo soy humana, una amiga que te quiere. Te ofrezco mis manos para estrechar las tuyas. Te doy mi sonrisa. Te amarro en un abrazo largo que dure lo que tu necesidad de sostén pida, que te dé calor hasta que dejes de temblar. Te doy palabras de solidaridad, el silencio de mi discreción. Toda la atención de mis oídos, mi clara mirada. Te ofrezco mi tiempo, mi mejor intención.


Sé que no resuelvo tu tristeza, ni desintegro tus penas. Pero puedo acompañarte y ocupar los espacios abiertos por tu tremenda soledad.


BREVES CUENTOS DE HADA

Ayer vi a un grupo de alumnas de la misma secundaria a la que yo asistí. También escuché su coloquio. Uniforme y actitud siglo XXI, pantalones, independencia. Se extinguieron las faldas de mantel cuadriculado. El universo en el que tejen sus planes es mucho más amplio de lo que fue el nuestro. La visión y posibilidades crecieron como espuma. Curiosa, desempolvé mi imagen de antaño.

En aquella juventud todo sucedía con intensidad. Entreteníamos los días de secundaria con emociones exacerbadas. La creatividad era infinita. Desbocadas nos enamorábamos: de una canción, de un actor…de unos zapatos. Y de los hombres, por supuesto. Era enamoramiento explosivo, gozado o sufrido. Dramático. Eterno, aunque a veces los para siempres de nuestras eternidades tenían una vida útil de pocos meses. El chico en cuestión casi nunca se enteraba de que era galán llorado. Algunos de estos amores no sabían que lo eran, ni vieron los muchos cuadernos decorados con su nombre.

Se recuerdan bien esas pasiones de fantasía y melodrama. Bendita sea la memoria que celebra nuestros breves cuentos de hadas. Precisa atesorar, es terapia para los sentires, evocar, reír de nosotras mismas. Con nostalgia y diversión veo la nube rosada en la que nos paseábamos cuando nos daba por vivir la adolescencia con todo. ¿A quién no le pasaba? Fue entrenamiento afortunado, aprendíamos a sentir. Algunas tanto, que nos graduamos Cum Laude en la asignatura del corazón.


Observé con gusto a las fresas modernas, evolucionaron, no cabe duda. Espero que el talento para enamorar a la vida que había en nuestro ánimo también sea lo suyo. La audacia que se tiene a esa edad no vuelve, ojalá se la gasten bien, que amen con desmesura y felicidad. ¡Qué pena si no es así!

CARTA A RICARDO

Es hora de que hablemos, mi querido Ricardo. Me trago la vida. Cierro los ojos y me veo celebrando  cuarenta años. Los abro y realizo que ya pasaron cinco. En pocos días cumpliré cuatro décadas y media. El tiempo no perdona, a galope tendido viajan sus lunas. Volveré a abrir los ojos y estaré alcanzando los 50, y está bien.

Al abrir esa puerta me encantaría escucharte cantando “Señora de las Cinco Décadas”. Escríbenos una nueva canción. Sin duda, encontrarás  musas en tus sueños,en tu experiencia. Inspírate.

Por favor, no olvides incluir las mismas cosquillas, las pisadas de fuego, la fuerza volcánica en la mirada. Aunque esté cansada no la despojes de su lava. Adorna tu tonada con amor rotundo, no importa que solo nosotras lo sintamos. Será consuelo en momentos de hormonas desorientadas y en soledades reales o imaginarias. 

Haznos sonreír, no hay regalo mejor. La desmemoria ya hace travesuras. Precisa que nos recuerdes la posesión de talentos viejos para nuevos manejos.

Canta sobre pasiones que se añejan y no se evaporan, convéncenos de que son nuestras. Revívelas con tu guitarra, ponnos a volar. Con sentido del humor, celebremos la dulce e inevitable decadencia.

Para la “amalgama perfecta” funde la solvencia que lo vivido nos otorga con irreverencia. Has un conjuro, músico talentoso. Rinde homenaje a los tantos momentos, a las lágrimas, a las arrugas. Vístenos el corazón de gala. Cuenta cómo, a paso de año se convirtió en maestro de los afectos.

Reitera que el arte del beso es inmune al peso de los días,  que  evoluciona en audacia, que puesto a buen uso, jamás envejece.

A la grasa abdominal, ni modo, no hay filosofía que le haga el favor. Tampoco fantasía. Ni la recuerdes, de ese fastidio se encarga el espejo.

Obra magia en el pentagrama, querido. Acataremos consejos. No intentaremos volver a los cuarenta. Ni siquiera para ver lo que dejamos perdido.



Agasájanos con tu estribillo por favor. Como lo hiciste al celebrar los cuarenta, tu voz nos hará reír, y con suerte, creer.

UN MUSEO

Sé de personas que son genuinas obras de arte. Las he encontrado en rutas bifurcadas, en espacios silenciosos, en jardines y hasta en los sitios más insólitos. No me canso de admirarlas ni de inspirarme ante su perfección. Y no me refiero a pieles de porcelana, cabellos de seda o figuras de estampa griega. Tampoco y para nada a facciones de celebridad francesa reinventadas con photoshop.

Hablo de belleza sólida, de la que perdura y crece como árbol de raíz profunda.  Hablo de gente hermosa por generosa, por auténtica. Personas que sonríen y acompañan de verdad, que se sienten y se dejan tocar.

Seres que con sus gestos nos hacen sentir amados y aceptados, que con sus ocurrencias nos regalan el gozo de la buena carcajada. Amigas y amigos que decoran nuestro universo y aligeran nuestras cargas, que atraviesan con nosotros túneles oscuros o suben nuestras montañas más empinadas. Permanecen a nuestro lado para que los miedos paralicen menos, para que la cuesta se sienta más ligera, para multiplicar los pequeños instantes de gloria.
Sin pretensiones, declaro que mi vida es un museo cinco estrellas. En ella habitan verdaderas obras maestras. Personas que resplandecen y a quienes agradezco por formar parte de mi colección vital y sagrada.

PARA VER LAS ESTRELLAS

Salgan a ver las estrellas. Esta noche pareciera que se les antojo acercarse y encenderse un poco más. Coquetas. Dan ganas de contarlas y tocarlas, como si fueran aquellas pecas. Cada una un sueño: los alcanzados, aquellos que se fueron por imposibles y lejanos, los que dejamos ir…los que aún aguardan.

Ojalá puedan verlas. Y sentirlas, sobre todo sentirlas.

Con Sabines sobrevivo

Anoche escuché a mi amigo Jaime. Habló con tono amoroso, siempre lo hace. Como si fuera un milagro, como si supiera lo que necesitaba en ese preciso momento, su voz de eternidad susurró:
“Si sobrevives, si persistes, canta, sueña, emborráchate.
Es el tiempo del frío: ama, apresúrate.
El viento de las horas barre las calles, los caminos.
Los árboles esperan: tú no esperes.
Este es el tiempo de vivir, el único.”

¡Cómo te quiero amigo Sabines! ¡Cuánto me has acompañado! Te fuiste para quedarte, para salvarnos. Ninguna sensación se parece a la de a cerrar los ojos con tu verdad en las manos.

CELEBRAR AFECTOS

Coincidir con alguien a quien se le agripe el corazón con los mismos virus del desamor y la indiferencia, se le alivie con los mismos remedios, y a quien la elocuencia de la mirada le diga más que muchas palabras, no tiene precio. La conexión es tan transparente que la sentimos natural y revivida, como si en otra vida nos hubiéramos conocido.

No necesitamos explicarnos porque pertenecemos a una especie del mismo, y a veces raro, color. Nos duelen las mismas injusticias y nos siguen asombrando ciertos milagros. Nos carcajeamos al unísono y se nos divierte el alma con ocurrencias comunes. Somos compañía silenciosa cuando es lo que precisa o consuelo sólido cuando llegan las sombras. Un rato compartido es una fiesta, una canción.

Y como a estas alturas no transito la vida guardando silencios sobre ciertos sentires, hoy tengo ganas de escribir mi gratitud por contar con las personas que comparten conmigo visiones y demencias. Nunca es demasiado temprano para celebrar afectos.