PROFESOR MORAGA

4 de octubre, 2012

Anoche falleció quien durante cuatro años fuera mi profesor de marimba. Muy mala costumbre la  que tenemos los seres humanos de no homenajear en vida a  quien honor merece.   El profesor Moraga con su eterna paciencia, nos enseñó  a interpretar las obras de marimba más lindas que existen.  No importaba el grado de dificultad, las aprendíamos. Recuerdo una tarde del primer año (1980), entrábamos a clase. Yo estaba al borde del llanto porque mi nombre, autóctono como la marimba, era material inagotable de burla para algunos alumnos. El Profesor Moraga al conocer mi desdicha me contó que un gran compositor de marimba – el maestro Jesús Castillo — había escrito una ópera llamada Nicté. En aquel momento, no fue consuelo. Fue material adicional de burla para mis creativos amigos.
Dos  años después, nos enseñó a tocar la Obertura Indígena. Sonriendo, me contó que era  obra del mismo compositor de la  ópera mencionada aquel día.  “Nicté fue obra inconclusa –me aclaró – porque el maestro Castillo murió antes de finalizarla.” La edad me enseñó a apreciar la magnificencia de la Obertura Indígena, y a entender como la sentía este profesor tan especial. Después de haber sido su alumna, y de años de digerir la suerte que tuve de serlo,  encuentro un significado místico en el tun, conozco las piezas clásicas de la marimba y recuerdo tardes inolvidables en el IAG. DESCANSE EN PAZ PROFESOR MORAGA, reciba un abrazo de cariño y agradecimiento. Seguramente en el cielo de los músicos, está platicando con el maestro Castillo y tantos otros grandes compañeros de su arte.

Día del niño

octubre 2012

La semana pasada fue el día del niño. Entre Big Macs y anuncios todos sentimos  la celebración.  ¡Fui ingenua!  Les mandé a mis hijos un mensaje de texto felicitándolos  en su día. Como disco rallado, les recordé que los quiero más de lo que ellos pueden comprender. La repuesta de Adrián fue: “Gracias mama, pero ya no somos niños jaja! J

Me gustaría congelar mensaje y respuesta unas cuantas décadas.  Algún Día del Niño, por los años 2040’s, seguro mis hijos llegarán a contarme con nostalgia que, sus niños adolescentes, les dijeron “Gracias papi pero ya no soy niño”. Si las tuviera, les enseñaría mis palabras congeladas.
Después de abrazarlos y besarlos como lo hago todos los días, les diría: “Cuesta aceptar que tus hijos dejan de sentirse niños, ¿Verdad? Pero no te preocupes: para nosotros  nunca dejan de serlo.”
Ojalá Dios me regale años para acompañar a mis hijos ese día. Para entonces ya habrán entendido. Sentirán ese amor único que solo los padres conocemos: Intenso y eterno.

LA VIDA TE DA SORPRESAS, SORPRESAS TE DA LA VIDA

19.09.2012
Hace exactamente una semana tuve un percance entrando a mi oficina.  Eran las 8 de la mañana, pasadas, y un joven en una moto me trató de rebasar del lado derecho.  Ambos entrábamos al complejo de bodegas donde trabajo.  Nos chocamos, él y su acompañante se cayeron y ella, que era su mamá resultó herida.  “¡La señora se lastimó!” fue lo único que me gritaba la mente. Me bajé del carro, ignorando la cumbia de insultos que el muchacho me cantaba recogí a la señora del suelo y la bombardeé con preguntas: ¿Qué le duele? ¿Se golpeó la cabeza? ¿Puede caminar? Dígame algo…por favor”. Afortunadamente,  lo que más le dolía era el susto y el hombro. Los llevé a mi oficina. Después de darle té de manzanilla para que se calmara ella tomándolo y yo viéndola tomarlo,  le pedí que moviera los dedos, el brazo, etc. no soy médico, pero parecía. Por dentro también me dolía el susto. Lo único que quería era que un verdadero médico atendiera a la señora. Ni siquiera había visto mi carro que al final de cuentas fue la víctima más herida.
Se imaginarán que el joven no tiene seguro, su mamá, que se llama doña Aura,  trabaja en la bodega de enfrente haciendo limpieza. Eso explicaba la prisa por no llegar tarde a su trabajo. Inmediatamente llamé a mi corredor de seguros. Cuando llegó el ajustador, empezó para mí  el verdadero accidente.  Resulta que yo no tuve la culpa, entonces el ajustador, muy educado y diligente he de decir, me dice así nomás: “Aquí, yo tengo que cobrarle al chico. Él fue el responsable.” “Noooo, le respondo yo. Yo no puedo hacer eso, solo véalos”. Se la puse fácil al ajustador, pero mi preocupación, el hombro de la buena señora,  no se resolvía.  Solo a mi se ocurre que mi seguro puede cubrir la atención médica de un tercero, que resulta ser el acompañante del culpable. ¿Cómo me sentí yo respecto al seguro? Bueno, eso es página de otro libro.  El ajustador resultó saberse de memoria el reglamento de tránsito y con amable autoridad recitaba artículos con números e incisos. El lenguaje corporal del muchacho explicaba que no estaba entendiendo nada.  Cada quien asumiría sus daños, y todos se fueron.  “¿El hombro de la señora?” Preguntaba yo.  Ella misma explicó que era afiliada al IGSS, “Perfecto! No se diga más.” dijo el ajustador. Antes de retirarse, este señor me dijo que había sido lo mejor porque cuando el muchacho le dio su dirección pudo ver que viven en una zona peligrosa. Como si eso me diera tranquilidad.
Al día siguiente, cuando llego a mi trabajo a la misma hora, encuentro al hermano de Pedro Navaja esperándome en el parqueo.  Mide como 1.80m, usa el pelo más largo que yo,  una T-Shirt sin mangas me permite ver cuan fornido es, un diente es de oro y la cachucha la lleva puesta al revés. Pedro Navaja con todo y las zapatillas por si hay problema salir volao.  “Uy!” pensé, pero no me acordé del choque. “Seño, buenos días.  Soy el papá de fulano de tal…” “Ajá…” le dije con cara de signo de interrogación. En  dos segundos caí: ¡El chico de la moto!  Respiré y me preparé mentalmente para seguir oyendo la cumbia que cantó el hijo el día anterior. Pero no, no fue así. Con mucha educación,  y una mezcla de humildad/dignidad, si es que algo tan disparatado existe,  el señor me explicó que se “Apersonaba personalmente” para hacerse responsable del daño que había ocasionado su hijo a mi vehículo. Me preguntó en cuanto iba a salir la reparación para él pagarla, “Porque” me dijo “Así es como se hacen las cosas. Y sabe que Seño? Mejor sin intermediarios.” Me imagino que se refería al ajustador.  Como en la vida la gente buena no se aparece de uno en uno, conseguí a un buen mecánico automotriz, recomendado, aclaro, que hará la reparación por un tercio del valor del deducible. No pienso ni contárselo a mi buen amigo Pedro Navaja. En lo que a mí concierne, el ya pagó su responsabilidad: me vino a regalar la tranquilidad que yo necesitaba.  ¿El hombro de la señora? Casi 24 horas después fue atendida en el IGSS. Pero eso también, es página de otro libro.  Como diría la canción, de Pedro Navaja precisamente: “La Vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…”        

EL MEJOR REGALO

Para festejar a los nietos en sus momentos especiales, mi mamá no les regala cosas. Hace algo más valioso: comparte con ellos experiencias. Para celebrar sus 15 años, hoy llevó a mi muy emocionado Adrián a realizar uno de sus grandes sueños. Van a ver un partido de los Patriots de New England – su equipo favorito – contra los Miami Dolphins.

Además se preparó con mucho afán. Ahora es experta entendiendo el idioma – extraterrestre para mí – del futbol americano. Será inolvidable para ambos. Esperemos que los Dolphins no se inspiren mucho. Digo, para que sea perfecto.